jueves, 1 de agosto de 2024

 

El Asado negro de mi mamá.

 

Receta: Elegir una buena pieza de muchacho redondo. Con abundante sal, ajo, pimienta y salsa inglesa; dejar macerando en la nevera de un día para el otro.

 

No sé si han notado este auge de expertos en alimentación que están invadiendo las redes sociales. En la mayoría de los casos son ex obesos, sin ningún tipo de estudio que les respalde en sus fuertes e implacables críticas hacia el 90% de lo que comemos.

Se trata de una especie de secta nutricional que busca, principalmente, generar polémica para hacerse virales en las redes y poder vivir de ser idiotas. Unos comen carnes crudas, otros exponen vehementemente las bondades de hacer ayunos o entregarse al estilo de vida KETO (yo los llamo los KETONTOS) y otros, más racionales, esgrimen argumentos médicos para no comer ciertos alimentos.

 

Receta: En un caldero grande, pones abundante aceite y doras bien la pieza de carne por cada lado, hasta que caramelice y quede de un color caramelo oscuro. Se ralla una cebolla mediana y una buena cantidad de papelón, los cuales se van incorporando en pequeñas tandas al caldero con la carne para evitar que se queme el papelón y se ponga amargo.

 

 

Estos genios de la alimentación dejan de lado uno de los elementos que nos diferencian del resto de los animales del planeta al momento de alimentarnos; nuestros recuerdos. La memoria gustativa y olfativa que nos puede, en un plato, trasladar a una época, a un lugar, a una persona… Nuestra vida, generalmente, transcurre en una mesa con familia y amigos. En una cocina llena de olores y sabores particulares que te definen como persona, olores y sabores a los que eventualmente regresamos, no solo para alimentar nuestro cuerpo sino nuestra alma, que poco sabe de carbohidratos y ayunos intermitentes.

Yo no tomo café en las mañanas para despertarme, yo despierto en las mañanas para tomar café, porque es un ritual que me llena el espíritu, es un momento de reflexión y es un olor que me ha acompañado toda mi vida.

Evidentemente uno no puede ser tan ciego para no ver que los carbohidratos no son el mejor alimento del planeta, que ciertas grasas pueden hacer daño o que es mejor tomar agua que Whisky. El punto es encontrar el equilibrio y alimentar el cuerpo y el alma de formas y en momentos distintos (Diría mi internista: Hacer esporádicamente lo que te gustaría hacer todos los días y, diariamente, lo que quisieras hacer de manera esporádica) pero siempre alimentando los recuerdos, siempre volviendo, a través de un plato,  a ese lugar, a esa época o a esa persona que te llena tanto el corazón como el estómago.

 

Receta: Una vez que se han incorporado totalmente la cebolla y el papelón, se deja dorar por un rato y se le agrega agua hasta cubrir la carne. Se tapa el caldero y se deja reducir a fuego medio, agregando agua a medida que va reduciendo. Ya cuando la preparación lleva unas tres horas de cocción, viene lo que mi mamá llamaría “el toque” que es ese ingrediente que le da identidad a cada plato y lo hace tuyo. En el caso del asado es una malta que se agrega en dos tandas. Se le agrega un poco mas de agua por última vez, se corrige el punto de sal  y se deja reducir a fuego lento hasta que la salsa quede oscura y “tranque” (es ese punto donde la salsa deja de ser líquida y adquiere untuosidad y el sabor que esperas)

Lo ideal es acompañar el asado con un puré de papas bien terso (la receta en otra oportunidad) y tajadas.

 

Yo sé, perfectamente, que esa combinación que incluye papelón, malta, aceite, papas y plátanos no alimenta mi cuerpo, pero es un banquete para mi espíritu. Cada vez que se hace en mi casa (Porque debo confesar que es mi esposa Laryssa quien lo hace y quien, secretamente, se encomienda a mi mamá cada vez que prende la hornilla para cocinarlo) es una fiesta de memorias, de sabores y olores mágicos que nos transportan a épocas mas felices. Invito a mi papá porque puedo ver en sus ojos que recuerda a mi mamá en cada bocado (Como si hiciera falta un plato para que la recuerde). Es como el momento icónico de una de las obras maestras del cine (Ratatouille…) en la que Ego, el impenetrable crítico culinario, prueba ese simple, pero delicioso, guiso de verduras elaborado por un ratoncito apasionado por la comida y los sabores y, con los ojos perdidos en el recuerdo, llega al plato de su infancia, con su madre, en su casa.  Ese plato le recordó que la comida no consiste en una lista de ingredientes para alimentar tu cuerpo y nutrirte sino en cada recuerdo, en cada momento, en cada persona que lo acompañan.

 

 

 

A mi amada madre que me enseño a vivir la cocina con sus “Toques” de amor y muy especialmente a un gran amigo, a un tío adoptado que, en una visita a su casa en Jacksonville, junto a la “tía Ama”, nos ofreció el mejor lomo de cerdo con salsa de manzanas que yo haya comido jamás. Yo sé que lo compró en el Publix, él sabe que yo sé que lo compró en el Publix pero sigue siendo el mejor lomo de cerdo con salsa de manzanas que yo haya comido jamás porque traía como contornos todo su cariño y sus ganas de nutrirnos el corazón.

Un abrazo enorme Viejo Lucho, que tengas una larga vida con mucha salud. El próximo cerdo va por mi cuenta. Buen provecho.

martes, 15 de diciembre de 2020

Puedes llamarme Hugo.

 

Puedes llamarme Hugo.

 

Esa mañana el cielo brillaba con un azul intenso, ese azul absurdo con el que los caraqueños reconocemos diciembre. Desde la oficina del Ministerio de la Defensa, en la que se había acordado la reunión y a través de un amplio ventanal, se tenía una vista panorámica de esa parte enmarañada de la ciudad conformada por los bloques de El Valle y los barrios que fueron creciendo como enredaderas a sus alrededores y que sirven, desde esa oficina, como recordatorio permanente de la bestia que se debe mantener domada si se quiere gobernar este país. Más cerca del edificio del Ministerio, entre los largos chaguaramos que bordean el lago, un grupo de guacamayas volaba majestuosas de copa en copa, sin importarle demasiado el país y sus desavenencias.

La oficina era arrogantemente amplia, con paredes y pisos revestidos de granito en distintos tonos; un escritorio de madera tallada y pulida minuciosamente junto a un juego de recibo de tela beige, más bien barato y discordante con el entorno. En las paredes algunas fotos del Presidente y un amplio retrato del Libertador flanqueado por banderas del componente armado y de la república junto a una pequeña mesa de santos en la que, entre otras deidades, iluminados por velas rojas y “Atendidos” con vasos de licor y con frutas, se podía reconocer nuevamente al Libertador junto a María Lionza y Santa Bárbara.

Había transcurrido poco más de una hora cuando mi interés por los detalles comenzaba a diluirse y convertirse en desespero; se abrió la puerta y un edecán procedió a informarme que el presidente había llegado y en cinco minutos me atendería; una mucama, rigurosamente vestida de blanco, sirvió la mesa con una jarra de agua y vasos junto a una bandeja con sendas tazas humeantes de café mientras dos militares tomaban posiciones en los extremos del ventanal. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, si quería que la conversación fuese productiva, al menos para mí, debía controlar mis ganas de decir lo que quería y entremezclarlo con lo que debía decir; conocía bien al personaje y tenía que ser cuidadosamente directo. Eso le encantaría…

—Buenos días Presidente, gracias por recibirme —dije al verlo entrar mientras buscaba su mirada que se había clavado en mi ser, como escudriñando mi alma.

— ¡Epa vale! buenos días ¿A qué medio perteneces? —La pregunta tenía en sí una carga de ironía, presuponía que todos los periodistas pertenecían, en el más estricto sentido de la palabra, a algún medio. —Nunca te había visto. ¿Te ofrecieron café? —Era un personaje avasallante; su carisma explicaba su insólita popularidad y su estadía casi irrevocable en el poder. Se podía tener un mar de diferencias conceptuales e incluso una repulsión absoluta hacia su persona, pero al pararse frente a él y comenzar a escucharlo era casi inevitable sentirse atraído hacia su campo magnético, en ocasiones lo definieron como un encantador de serpientes y yo, en ese momento, tenía que luchar fuertemente por mantenerme firme en mis principios y no sucumbir ante su carisma.

—A ningún medio Presidente, la verdad vengo de cuenta propia a ver si consigo entender algunas cosas y nadie mejor que usted para explicarlas. De hecho, no traigo ni siquiera un lápiz para tomar nota de lo que aquí se diga, así que podrá negarlo y nadie me creerá. Vine a hablar con usted y no a entrevistarlo ya que no sabría muy bien cómo hacerlo, nunca he entrevistado a nadie y llegar hasta usted fue solo un golpe de suerte —Su mirada se relajó y esbozó una amplia sonrisa mientras, sin ningún disimulo, miraba su reloj para calcular cuánto tiempo podía dedicarle a nuestra conversación.

—Debes tener un buen contacto —dijo sin dejar de sonreír pero con la desconfianza marcada en sus ojos. —¿Cómo me dijiste que te llamabas?

—Manuel Hernández, Presidente.

—¡Manuel Carlos María Francisco Piar Gómez! Ese fue un tronco de militar ¿Sabes? Lástima que lo dominó la ambición de poder y traicionó a Bolívar. Estoy seguro de que El Libertador lamentó su muerte como la de un hermano, aunque él mismo lo mandó al paredón… pero así son las revoluciones, deben tomarse decisiones drásticas y poner siempre a la patria primero. “Cuando el clarín de la patria llama, hasta el llanto de la madre calla” —Estiró su brazo para alcanzar una de las tazas de café que había servido la mucama presidencial y adoptó una postura más informal mientras sorbía el café. Su mirada seguía buscando algún indicio que lo llevara a ceñirse al discurso oficial pero, al mismo tiempo, parecía agradecer la informalidad del evento. Volteó brevemente hacia el retrato de Bolívar que colgaba de la pared y suspiró para volver a enfocarse en nuestra conversación.

 —Bueno carajito, no sé cómo llegaste hasta aquí, pero ya que vamos a hablar y esto no es una entrevista, puedes llamarme Hugo. ¿De qué quieres hablar?

—Son muchas cosas, pero trataré de ser breve. Del país, básicamente.

—Ese es mi tema favorito. Ese y el beisbol, pero tú no tienes pinta de haber venido a hablar de pelota, ¿verdad? —Soltó una efusiva risotada y volteó a ver a los edecanes quienes inmediatamente respondieron a su comentario con una sonrisa.

—Bueno… la pelota también va palo abajo, ya que lo comenta.

—¡Carajo! Viniste pichando noventa millas a los codos, tengo que afinar el bate —Volvió a reír efusivamente, para mi sorpresa. Aunque había corrido con suerte no podía seguir tentando al destino, tenía que ser más sutil al menos al principio; ir viendo por dónde quería él que se desarrollara la conversación hasta que pudiera llevarlo a mi terreno.

—Bueno, hablemos de las Misiones y en algún momento retomamos el beisbol que también me apasiona y he escuchado que fue su primer amor —En ese momento volví a ver al personaje de la televisión, adoptó esa postura filosófica que le da la imagen de hombre enigmático e imprescindible para la historia. Supe que la conversación iba a transcurrir entre infidencias y discursos aprendidos y que iba a depender exclusivamente de mí hacer el cambio entre uno y otro, pero que nunca iba a poder evitar que surgiera ese personaje; nunca iba a poder mantener indefinidamente al ser humano frente a mí porque ya él no se consideraba un mortal. Sus seguidores y los avatares del poder lo llevaron a crearse y creerse una historia épica en la que él era el protagonista y de quien dependía el presente y el futuro, cuando no el pasado, de todos los personajes.

—Probablemente tú no las entiendas porque has sido criado en un mundo de comodidades y privilegios, pero Las Misiones son la única alternativa de subsistencia para la mayor parte de este pueblo que fue excluido y pisoteado por las élites políticas y económicas venezolanas  y por las potencias imperiales extranjeras que siempre nos han visto como una fuente de riqueza fácil y necesaria para su expansión y hegemonía en el orden mundial—

—A ver si entiendo —Le dije en tono irónico. —Yo soy un escuálido que vivo en un pecera y no soy capaz de entender que la mayor parte de la población de este país ha sido manipulada y utilizada por sus gobernantes por bastante más de cuarenta años… en muchas ocasiones bajo la tutela de algún gobierno extranjero para mantenerse en el poder y acceder a su inmensa riqueza para beneficio personal. Disculpe Presidente, pero esa visión maniquea del país es precisamente lo que me trae hasta aquí. ¿De verdad usted cree que yo soy un privilegiado y a la vez un tonto incapaz de ver la realidad de este país?— La interrupción buscaba marcar territorio; que supiera que yo no había asistido a un discurso político. Su mirada volvió a clavarse en mí como tratando de comprender lo que buscaba en realidad, sin embargo mi comentario lo hizo salirse del papel que estaba interpretando y tras una larga pausa y un par de profundos suspiros que entendí como dudas existenciales entre el personaje y el hombre, volvió a sorber de su taza de café y recuperó la postura relajada de un principio.  —Presidente yo no vine aquí para adularlo y mucho menos a atacarlo, para eso tiene sus dos mitades del país... No se puede entender lo que ha ocurrido sin antes desprendernos de los discursos y las ideas preconcebidas. Suponer que soy un escuálido indolente ante la realidad no va a explicar lo que está pasando. Si yo parto del principio que usted es un corrupto y un dictador, entonces no tiene sentido venir a hablar con usted porque con ese argumento quedan respondidas todas mis preguntas. Sería muy fácil recurrir a los calificativos para llevar la conversación a ningún lado…

—Lo que es muy fácil es hablar del país sin conocerlo; sin conocer a la gente del pueblo que ha sufrido no solo su pobreza sino la indiferencia y hasta la explotación por parte de una minoría histórica. No digo que tú no lo sepas Manuel, es que hay mucha gente que nos ataca y no sabe, o no le interesa lo que hacemos por los más pobres, por los pata en el suelo pues. Es verdad que hemos tenido nuestros problemas. No es fácil hacer realidad lo que hemos soñado por tantos años, pero estoy absolutamente seguro que los cambios que requiere este país solo podemos lograrlos nosotros, los revolucionarios socialistas.

—¿Y no existe las más remota posibilidad de que puedan estar equivocados?  ¿Que los sueños se hayan torcido, y muchos, ante lo utópico del proyecto, hayan optado por el camino fácil de la corrupción?

¿No cree que llegó el momento de totalizar los logros y los fracasos objetivamente y reconocer incluso cuales de los logros han tenido un costo desproporcionado en su proceso? Recuerde que estoy suponiendo su buena fe. Sería más fácil, como le dije, asumir que todo ha sido un plan macabro elaborado en Cuba para dominar al pueblo desde el hambre y convertirlo en una masa dependiente del estado para perpetuarse en el poder. ¿Sabe que existen tesis que sugieren que el narcotráfico es una política de estado para corroer la sociedad norteamericana desde sus bases, es decir: Podrir con la droga a sus jóvenes y finalmente ganar la guerra histórica entre el norte y el sur y, en el proceso, terminar groseramente millonarios?—. Su mirada reflejaba una mezcla de melancolía e indignación evidentemente actuada.

—Los revolucionarios no totalizamos, nuestra lucha dura toda la vida y no acaba con nuestra muerte, ¿O crees que Bolívar murió? ¿O crees que Cristo murió? —  Otro largo suspiro y un silencio que, de haber estado en un acto político le hubiese servido para recibir los aplausos de sus seguidores, pero ambos estábamos muy claros que yo no era uno de sus seguidores.

 

—La pregunta concreta presidente es si sabe usted que la corrupción nos está devorando, si sabe que se convirtieron en lo que siempre habían criticado. ¿Cuántas personas necesitadas pudieron haberse salvado con lo que cuesta la burocracia y la corrupción?—

—Es probable que algunos se hayan desviado en sus principios, pero no podemos meter a todos en el mismo saco, hay quienes seguimos luchando desde nuestra trinchera ideológicas, desde nuestras trincheras morales, como Bolívar, como Martí— Volvió a mirar a Bolívar, esta vez la imagen que estaba en la mesa de los santos, interrumpió su discurso y quedó en silencio por un minuto, tal vez dos. —Mi mayor temor es morir solo e incomprendido; que quienes estén a mi lado al final solo quieran estar seguros de mi muerte—.

—Presidente, las malas políticas económicas, junto con la descarada corrupción y la inseguridad están acabando con el país— Le dije, esta vez mirándolo a los ojos     y esperando, casi provocando una reacción airada. Era mi única oportunidad de discutir con el personaje al que yo consideraba el culpable de la mayoría de los males que me habían perseguido por los últimos veinte años.

— ¿Y quién carajo te crees tú para venir a cuestionar a una revolución que es más grande que los mortales que la conformamos? Tú no entiendes ni nunca entenderás lo que representamos para el pueblo— En ese momento comenzó a sonar una alarma en su teléfono celular, el sonido me resultaba extrañamente familiar. Decidí tomar su oferta de llamarlo por su nombre y dándole un golpecito al apoya brazos del sofá en el que me encontraba sentado, me incliné hacia su puesto mientras exageraba un tono de confidencia. Decidí provocar a la bestia para concluir la conversación. —Debo confesarte algo Hugo, yo siempre supe que lo ibas a hacer mal; he tenido distintas teorías, en distintas épocas,  del por qué lo han hecho tan mal. Al principio pensé que eran solo un grupo de rezagados ideológicos con ideas socialistas fracasadas que querían llegar al poder para fracasar por si mismos; luego creí que su mayor impulso era el resentimiento y finalmente entendí que era una mezcla fatídica de todo eso sumado a la incompetencia y ambición infinita de poder y riqueza.  — Su teléfono celular seguía sonando insistentemente y me resultaba inquietante que no se molestara en detener la alarma. —A fin de cuentas Hugo, ¿Y quién carajo te crees tú para decidir la vida de todo un país? ¿Quiénes son ustedes para apartar familias y amigos, para robarse todo un país y condenarnos al atraso por jugar a la revolución? —Abrí los ojos y la alarma de mi teléfono celular sonaba incesantemente; mi corazón latía con fuerza y me senté al borde de la cama por un par de minutos mientras reconstruía los “hechos”

Esa mañana el cielo brillaba con un azul intenso, ese azul absurdo con el que los caraqueños reconocemos diciembre…

domingo, 22 de noviembre de 2020

 

DIVAGANCIAS DE PANDEMIA.


“¿En qué télmino quiele su mulciélago?” – Preguntó el mesonero-

“Télmino medio, no me lo vaya a pasal que el mulciélago pasao eh muy maluco” – Respondió chinito hijo de su grandísima puta, sin saber que estaba a punto de destapar la caja de pandora-.

Y así fue, este chino, que prefirió comer sopa de murciélago (no se me ocurre nada más tóxico que una sopa de murciélago aunque he conocido varias mujeres que le llegan cerca) en vez de pollo a la plancha con arroz y vegetales salteados, despertó, tal vez sin proponérselo, nuestras más variadas neurosis; nuestros más bajos instintos y nuestros más absurdos comportamientos. Yo presentía que la vaina iba a ser complicada pero en lo que vi que la primera reacción de la gente fue comprar papel toilette, entendí que esto iba a ser una cagada.


El comportamiento del virus en los distintos países refleja, como un espejo, el carácter de sus sociedades. Los asiáticos, siempre caracterizados por su disciplina, lograron contener el virus de manera eficaz mediante un distanciamiento social radical. Los europeos, junto con los Estados Unidos, han sido el epicentro del virus en el mundo pero por razones muy distintas; mientras en Estados unidos la cultura de trabajo está tan arraigada que los ciudadanos prefirieron morir de COVID que de hambre, los europeos prefieren la muerte a dejar de socializar. Los españoles, por ejemplo, se habían convertido en la crónica de una muerte anunciada; un amigo gallego me dijo al principio de la pandemia: “Como esta mierda se riegue por España, te los vas a encontrar muertos en una terraza con una cañita en una mano y un montadito en la otra”


En Venezuela no podía ser de otra manera, el virus ha reflejado nuestra idiosincrasia en todo su esplendor. Tuvimos un confinamiento radical cuando había diez casos en todo el país y un desconfinamiento relajado cuando los casos iban en aumento. Nuestra primera reacción fue creer, producto de nuestro eterno voluntarismo, que nosotros íbamos a ser el único país en la bolita del mundo al que el virus no iba a llegar; después de todo José Gregorio Hernández era venezolano y a nosotros nos vacunaron contra la malaria… Cuando los casos comenzaron a aumentar estábamos encerrados; recuerdo haber dicho al quinto día “Yo no aguanto estar encerrado tanto tiempo, ojalá este mes pase rápido…” Con el pasar de los días escuchábamos el “parte de guerra” que se ofrecía por la radio y por redes sociales, cada día había más casos pero nadie conocía a otra persona que se hubiese contagiado, por ello, se comenzó a regar la primera de las miles de teorías cosnpirativas: Esto es un invento de los comunistas para encerrar a la gente en sus casas mientras nos echan una vaina (¿Qué? No sé, pero alguna vaina estaban tramando porque de los comunistas se puede esperar de todo) Pasamos por teorías extraterrestres, económicas, políticas y un largo etc. Incluso hay quienes afirman que el virus sencillamente no existe, que es una gripe más y que no hay que prestarle mayor atención.


Mi hermano, que es un conspiranóico empedernido, ha pasado por todos esas teorías y seguramente tendrá otras de las que no habla para que no lo escuchen los departamentos de inteligencia del planeta, todos muy pendientes de lo que dice o escribe en Facebook…  Yo, desde luego, tengo mi teoría, si deciden seguir leyendo, esta revelación los va a perseguir a todas partes sin dejarlos en paz, ¿listos? Voy: Los chinos son extraterrestres. Sí, ahorita se están riendo pero poco a poco comienzan a pensar en muchos detalles que siempre estuvieron a la vista y no queríamos ver, díganme, por ejemplo, ¿Qué tal estuvo el funeral del chino en el que estuvieron el otro día? ¿Recuerdan aquel chino calvo que contaba chistes? ¿Recuerdan el chino gordo que vivía cerca de su casa? ¿Cómo se puede explicar que la cerveza en los restaurantes chinos siempre esté helada? ¡Esos carajos son extraterrestres! Se comen todo lo que se mueva, fuman como… chinos y no se mueren. Son, junto con los gatos, una colonia de extraterrestres que vinieron a dominar la tierra.


Sin embargo no todo ha sido malo; una de las consecuencias de la pandemia ha sido la búsqueda de ocupación de los desocupados, es decir, los que de alguna manera hemos estado (Por voluntad propia o por imposición) encerrados en casa, hemos encontrado mil oficios para ocupar el tiempo. Ya hicimos pan, sembramos pimentones, montamos bicicleta, hicimos ejercicios en casa, estudiamos otro idioma, dejamos de hacer todo lo anterior, volvimos a empezar, prometimos que íbamos a leer ese libro que no habíamos leído por falta de tiempo y que, con todo el tiempo del mundo, tampoco hemos leído, prometimos ordenar los closets, empezamos con uno y los demás quedaron para la próxima pandemia, retomamos algún instrumento musical olvidado (El cabrón de mi vecino retomó la batería), hemos pasado más tiempo con los engendros de nuestros hijos… Mis hijos se han ido convirtiendo, poco a poco, en cavernícolas; ya no usan zapatos, ven las clases online vestidos de la cintura para arriba y en ropa interior por debajo de la pantalla y comen más que un sabañón drogado. Si por casualidad salimos en familia, hay que darles un lepe para que saluden porque ya perdieron la costumbre y cuando llegamos a la casa están tan abrumados de ver gente que no pueden dormir y gritan como desquiciados.

 

Aunque esta pandemia pareciera retroceder solo para tomar impulso, y los seres humanos hemos demostrado tener muy poco sentido común a la hora de enfrentarla, yo siempre tengo mi esperanza en una minoría de personas que terminarán salvando de su idiotez a la mayoría. Los médicos, enfermeros y científicos han demostrado ser una raza superior. Su juramento de salvar vidas ha quedado más que demostrado en la práctica incluso a costa de sus propias vidas. Mientras ellos pasan horas y días batallando hasta el agobio, embutidos en sofocantes trajes y viendo caer a diario compañeros de trabajo; nosotros aprovechamos cada oportunidad que se nos presenta para hacer una fiesta y reunirnos. Ellos serán quienes, al final, caminen con la frente en alto; dejando claro que, mientras un “Youtuber” o un “Influencer” acumula millones de “Likes” haciendo payasadas en las redes sociales, ellos siguen siendo indispensables para la humanidad.


Cuando esto pase (Porque todo pasa, menos las bolas…) tendremos una gran anécdota. Algunos habremos aprendido el valor de la amistad y de la familia, del contacto con la gente; la necesidad de sonreír y ver sonreír a los demás. Otros, sin embargo, la mayoría, seguirán siendo la misma vaina que nos trajo hasta acá; viviremos a la expectativa de lo que coman los chinos y, poco a poco, iremos olvidando lo ocurrido, hasta la próxima pandemia…

 

“Lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso”

Albert Camus.


Dedicado, con cariño, al Dr. Julio Milanés, con quien comparto esa dualidad de amor y desprecio por las personas. Es un gran médico que siempre que salva a alguien le deja muy claro que hay que salvarlo por comemierda. 


lunes, 3 de octubre de 2016

TRIQUI TRAQUI


TRIQUI TRAQUI.



Caracas, 31 de octubre de 2016.


6:30 AM. Sale mi hija de su cuarto y me pregunta: ¿Papiii, me puedo poner el vestido de las princesas que me regaló mi tío?

¡No!

¿Pero por quéeee?

En primer lugar, porque ya no te queda y en segundo lugar porque es una fiesta de Halloween. Aunque viéndolo bien… con ese vestido ya pareces una princesa, pero de la Libertador y da un poquito de miedo…

Quéee? No te entiendo papi.

Nada mi amor, ponte el de brujita que te compré, que ese te queda mejor.

¡Pero es que yo quiero ponerme el vestido de princesas que me regaló mi tíooooo!

¡Coño Adriana ponte lo que te dé la gana! Pero apúrate que vas a llegar tarde al colegio.



Caracas, 31 de octubre de 2015 (un año antes)

6:20 PM.  Suena el timbre de la puerta insistentemente y yo, ante la falta de costumbre, respondo intrigado: “Quieeeén?” al otro lado de la puerta escucho una voz infantil que dice en un tono algo nasal: “Triquitraqui” – “Quieeeeeén?”, respondo yo, ya algo preocupado; al asomarme por el ojo mágico solo puedo ver una sombra oscura hacia la parte baja de la puerta y decido, tras percatarme que la reja se encontraba cerrada, abrir la puerta para ver de qué se trataba. Fue allí cuando todo cobró “sentido”: Del otro lado de la reja se encontraba un carajito vestido de Batman, con una cesta plástica en forma de calabaza, que me repitió la palabra que se había aprendido para ese día “TRIQUITRAQUI”.

Como yo estaba algo molesto porque me había interrumpido un programa de televisión, murmuré, tal vez en voz alta…:” ¡Muchacho pajúo, Batman no sale en Halloween!” Y entré a buscarle un paquete de galletas María pues, ante la falta de costumbre, no había tomado la previsión de comprar caramelos para los carajitos en noche de brujas.



7:15 PM. Suena el timbre de la puerta insistentemente y refunfuño entre dientes: “Estos carajitos de mierdaaa no me van a dejar ver televisión hoy”, antes de preguntar quién era, entré a la cocina y busqué otro paquete de galletas María, luego me paré frente a la puerta y pregunté con desgano: “Quiénnn? Al otro lado de la puerta escucho una voz adulta que dice en tono algo nasal…: “Es Carlos, tu vecino del doce” –  “Quiéeen?”, respondo yo ya algo preocupado…; al asomarme por el ojo mágico veo a un vecino como de mi edad que solía encontrarme con su hijo en el ascensor por las mañanas cuando llevaba los niños al colegio, y al que siempre saludaba con un somnoliento “Epa”, y del que, a su vez, siempre recibía la misma palabra por respuesta.

Al abrir la puerta, tal vez por reflejo, mi saludo fue el de siempre “Epa” ahora en tono de asombro; pero esta vez su respuesta fue más larga: “Epa, Chamo tú le dijiste pajúo a mi hijo?” – “A quiéeen?” Pregunté intrigado –  “Pana, Carlitos me dijo que le habías dicho pajúo” – “Coño a Batman? Pensé que no me había escuchado pana, perdóoonnn. Es que estaba viendo un juego de tenis y… me salió el carajito vestido de Batman en Halloween, diciendo TRIQUITRAQUI” – “Coño si pana, ese disfraz de mierda no se lo quiere quitar ni para bañarse, ya parece un acosador de carajitos, y mira que le expliqué que la vaina era Trick or treat, jejejej” – “Jajajaja, así anda la mía con un disfraz de las princesas que le regaló mi hermano y ya le está quedando pequeño. Pana disculpa de verdad, ¿quieres pasar? Te invito un  Whiskisito?” – “Bueno, qué carajo… uno por el enojo… ejeje”



11:45 PM. Suene el timbre de la puerta insistentemente y le bajo el volumen a la música, me paro frente a la puerta y, haciendo un esfuerzo para ocultar mi tono etílico, pregunto: “Quiéenn?” Del otro lado de la puerta escucho una voz femenina adulta que dice en tono algo nasal y molesta: “Soy yo, Rosa. Tu vecina del doce… ¿Carlos está ahí?” Al abrir la puerta me encuentro con una muchacha como de la edad de mi esposa, a quien solía encontrarme en el ascensor y que solía saludarme con un afectuoso “Buenos días” y a quien yo solía devolver el saludo con el mismo afecto.

Al percatarme del problema que se avecinaba, no tuve una mejor idea que saludar con afecto: “Buenos días” y esbozar mi sonrisa que tan buenos resultados solía aportarme; pero de su parte solo recibí una mirada condenatoria y un solo comentario “Son casi las doce de la noche, ¿me llamas a Carlos?”



Caracas 31 de octubre de 2016.



7: 15 AM. Salgo por fin de la casa y estoy listo para llevar a los niños al colegio a su fiesta de Halloween. Se abre la puerta del ascensor y me encuentro con Carlos, el vecino del doce… y lo saludo como lo vengo saludando desde hace un año: “Epa pajúo” – “¿Que pasó pajúo, todo bien?” me respondió como me viene respondiendo desde hace un año – “Aquí, saliendo tarde para el colegio”-  “Coño sí, que peo!”- “Otra vez de Batman Carlitos?” Le pregunté al niño mientras le guiñaba un ojo, a lo que el niño respondió sacándome la lengua y el papá respondió: “Tranquilo, el año que viene te lo regalo para Ignacio. Por cierto, a ver si le compras un disfraz nuevo a Adriana, que ya se parece a la vecina del dos… jajaja” –  “Jajajajaja, pendiente de un ronsito esta noche? Mira que el precio del Whisky está de espanto” - - “Si va!”

jueves, 24 de abril de 2014

EL QUE SE CANSA PIERDE



 EL QUE SE CANSA PIERDE

    Lo recuerdo como si fuera ayer. Eran los largos días previos al 11 de Abril de 2002 cuando una doña muy encopetada y con absoluto convencimiento en sus argumentos expuso en un programa de televisión (Cuando la había) el motivo por el cual, a pesar de las enormes marchas y concentraciones que veníamos protagonizando los venezolanos, no habíamos podido salir de Chávez: “El problema es que la gente grita NI UN PASO ATRÁS! Y dirige su mano al cielo; debe hacerlo apuntando la mano al piso porque de lo contrario las energías se cancelan y se exalta al enemigo y así nunca podremos salir de este gobierno” En ese momento pensé “Esta vieja loca no se da cuenta que no salimos de Chávez por gente como ella” y simplemente me sonreí. 
    El peo no fue lo que dijo la vieja, porque hablar pendejadas es una real libertad, el peo es que inmediatamente comencé a notar que la gente le hacía caso y fue ahí, en ese preciso instante que comprendí que estábamos jodidos! Condenados a un gobierno mediocre pero muy merecido para un país de mediocres.
   Por esos días quienes luchábamos lo hacíamos en contra de un proyecto que, a todas luces, se vislumbraba errado. No queríamos vivir en “El mar de la felicidad cubano” porque presentíamos que no podía ser muy feliz un mar del que muchos querían huir, aún a costa de su propia vida. Lo hacíamos también cargados de esperanza, pero sobre todo de mucha inocencia; creíamos que una gran marcha iba a hacer que “el tirano” profundamente avergonzado, renunciara y viviéramos felices para siempre. La realidad nos golpeó con la fuerza de un disparo; ese 11 de Abril, a golpe de 3 de la tarde, cayó la primera víctima de un plan que apenas logramos comprender doce años más tarde: El gobierno venezolano armó y entrenó gente para defender la revolución y asesinar a sus adversarios.
   Mucho tiempo ha pasado y hoy la lucha tiene otros protagonistas y otras características. Los jóvenes que pelean en las calles no lo hacen para cambiar un futuro que puede ser malo sino por cambiar un presente terriblemente hostil, en el que la muerte a manos del hampa es una posibilidad cada día más cierta y las expectativas de progreso son cada vez más lejanas. Son ellos y son sus madres que saben que no pueden contener el ímpetu de sus hijos cuando pelean por libertad y prefieren ir a la batalla con ellos. Quienes luchan hoy perdieron la inocencia a tiros, pero siguen en la calle porque, aun con los muchos errores que se les quiera ver, entendieron que las dictaduras deben ser derrocadas para volver a la democracia; entendieron que hay que dejarles la política a los políticos y deben tomar la calle para debilitar un sistema deslegitimado.
   Siempre que puedo digo que estos serán conocidos como “los últimos días del régimen de Nicolás Maduro” y no importa lo largos que sean esos días, estoy absolutamente convencido de que es así. La principal razón que me lleva a pensarlo es que la idiotez pareciera haber quedado reducida sólo a los seguidores de este desastre que se empeñan en llamar gobierno y revolución. Esto no quiere decir que hemos despertado como Ciudadanos, mucho nos falta para ello; es sólo que se nos quitó lo pendejo y la evidencia es que una vieja muy encopetada salió a decir “EL QUE SE CANSA PIERDE tiene dos elementos negativos en su estructura y es perjudicial para la lucha. Hay que decir EL QUE PERSEVERA VENCE” y unánimemente arrugamos la cara, sonreímos y dijimos “Coma mierda doñita! Y salga a tirar piedras o quédese en su casa pero eso si CALLADITA SE VE MÁS BONITA”

Con todo mi amor y respeto para esos “chamos” que dejan la vida cada día peleando contra esta Dictadura y sus esbirros.
“Fuerza y fe hermanos porque estamos del lado correcto de la historia. EL QUE SE CANSA PIERDE!” (L.L)

sábado, 9 de noviembre de 2013

El Legado del Comandante




EL LEGADO DEL COMANDANTE

El Título del presente escrito lo tomo prestado de un programa de televisión de una de esas televisoras creadas en los últimos años para rendirle pleitesía al “Líder máximo y eterno de la Revolución Bolivariana”. En dicho canal se cumple, finalmente, uno de los sueños supremos del “Comandante-Presidente” y no me refiero a la igualdad entre los ciudadanos o la MAYOR SUMA DE FELICIDADES PARA EL PUEBLO, no. Su sueño máximo era trascender a su estado físico para poder estar encadenado las 24 horas del día, en un espacio en el que únicamente se hable de él y en su nombre, ubicándolo de manera arbitraria, entre personajes desaparecidos o religiosos a quienes nunca se les preguntó su afinidad política con el finado comandante. Es así como nos muestran a un “comandante-presidente” con su pose de intelectual junto a, ni más ni menos, Jesucristo y  Simón Bolívar; tomados de la mano y luchando por la justicia y la igualdad social. Una vaina así como El Salón de la Justicia pero mucho más arrecho.

Pero vamos a analizar seriamente cuál es el verdadero legado del comandante porque, siendo honestos, esta vaina no se empezó a torcer con la llegada de “El Bolívar reencarnado” al poder. Si existe una realidad del tamaño de Venezuela es que en este país no hemos dado pié con bola con ningún presidente y hemos vivido de caudillo en caudillo esperando que los políticos cumplan con sus promesas, vaina que nunca va a suceder ni aquí ni en ninguna parte del mundo, porque ellos sólo existen para no tener que trabajar y hacerse ricos a costilla de los pendejos que los elegimos. El legado del “Salvador de la patria” no ha sido otro que la profundización de nuestras taras que venimos arrastrando desde la fundación de la república, unidas con las taras que veníamos arrastrando de nuestros ancestros indígenas ( No olvidemos que mientras los pueblos indígenas de México y Centroamérica por un lado, y otro tanto de Suramérica por el otro estaban construyendo civilizaciones, nuestros indígenas andaban viendo qué etnia vecina se descuidaba para robarle sus vainas y matarse a carajazos entre ellos. Nada muy distinto a lo que vivimos hoy en día…) Si por algo será recordado “El Gran latinoamericano” es por despertar nuestros más bajos instintos y por tener el triste mérito de haber hambreado a un país ineludiblemente rico.

Muchas veces he tratado de autoconvencerme de que los venezolanos somos gente cordial y amable, pero la realidad se nos presenta como un yunque. Los venezolanos hemos aflorado nuestra verdadera cara que, detrás de la sonrisa, esconde un puñal y sólo está esperando el momento para tomar ventaja de la situación y hacerse del botín. Muchos podrían creer que generalizo y tal vez sea cierto, pero la realidad es que los que estamos equivocados de país somos los que no formamos parte de ese perfil; somos nosotros, los menos, los que creemos en el esfuerzo individual y en los valores para alcanzar nuestras metas. Estamos nadando, como el salmón, contra la corriente y vamos a terminar, como el salmón, en el sartén…

La realidad es que los malos de la clase llegaron al poder. Ese carajo sabrosón que se pasó toda su vida estudiantil tomando ventaja de los demás y jurando que si algún día llegaba a presidente iba a decretar el fin de semana desde el jueves, ahora es un ministro o un diputado… tal vez hasta un presidente.

El Legado del “Corazon de la patria” se nos muestra con múltiples facetas, pero una de las más significativas es la faceta iconográfica del proceso. Este periodo histórico-político que nos tomó por asalto tiene sus palabras, sus gestos y, sobre todo, su perfil personal. Vamos a intentar describirlo para que, en el mejor de los casos, los que no lo hayan notado estén muy alertas y sepan diferenciar a un malandro disfrazado de socialista de un CIUDADANO.

El “Camarada enchufado” (No estoy describiendo al individuo plagado de carencias e ignorancia del cual se han aprovechado para llegar al poder, sino de aquel aprovechador y oportunista que generalmente se cuadra con el gobierno de turno) suele ser in individuo con pocos o ningún mérito académicos para ocupar algún puesto en cualquier empresa pública o privada. Por lo general, si es que se graduó de alguna universidad, lo hizo en una universidad de poco renombre y su escalada social dependía, casi exclusivamente, de su declaración de posición política. Es lo que en el argot popular se denomina un Chambista.

Este Chambista, es un individuo de gustos refinados (Trajes de marca; carros de lujo y casas o apartamentos en buenas zonas del este de Caracas). Les encanta el mejor colegio de la ciudad para sus hijos, pero en las reuniones de padres y representantes deja claro que no está de acuerdo en aumentar la matrícula con la que se paga la educación de sus hijos y suele amenazar con llevar el caso a las autoridades competentes. Mientras hablan pestes del imperio y del capitalismo, deciden atacar al monstruo desde adentro y se van de vacaciones a Miami para hacer sus diligencias...

Nuestro chulo tiene un catálogo de palabras propias de la revolución, que usa (generalmente mal empleadas) para poder darnos al resto de los profanos CIUDADANOS de este país un discurso de igualdad y humanismo. Les encantan palabras como SOBERANÍA mientras le entregan el país a varias potencias extranjeras siempre y cuando no sean los gringos. Usan la palabra FASCISTA desde su más profunda ignorancia, mientras con su modo de actuar dan definición al término, es decir, no hay vaina más fascista que un funcionario público en la Venezuela de hoy, y van por el mundo hablando de INDEPENDENCIA; PRODUCCIÓN ENDÓGENA y LOGROS REVOLUCIONARIOS mientras somos cada vez menos independientes precisamente por la destrucción de nuestra producción nacional; todo un logro pues!

Si bien el vocabulario es importante para el andar de nuestros inmorales boliburgueses, su gesticulación es vital. De nada sirve decir INTEGRACIÓN sin entrelazar los dedos de ambas manos con los brazos estirados (se estiran los dedos de ambas manos y justo al momento de decir INTEGRACION se entretejen los dedos de la mano derecha con los de la izquierda, siempre en dos tiempos) ¿De qué carajo puede servir decir SOBERANÍA sin darle tres (3) golpes con el dedo índice a la mesa en la cual se habla?

La descripción de ellos es muy amplia y aún más obvia, por lo que no vale la pena ahondar en detalles. La gran pregunta es ¿Quiénes están de más? Yo creo que los que estamos como cucaracha en baile de gallina somos nosotros, los que tenemos claro el concepto de CIUDADANOS por contraposición al de HABITANTE. Lamentablemente este país se ha convertido en un territorio con habitantes, con los derechos alborotados y los deberes adormecidos. Un país de carroñeros esperando el momento para tomar su parte del botín con el gobierno que mejor los representa y en el que única salida posible pareciera ser El Aeropuerto Internacional de Maiquetía.


Disculpen que los traiga a la realidad. Otro día le daré un enfoque más ameno  a nuestra historia pero hoy no pude.


Cierro con una frase lapidaria de una persona a quien quise mucho a pesar de sus poses políticas y de quien me reservo los datos por respeto a su memoria. ¨Esta vaina está tan mala… que está buena” 

viernes, 8 de febrero de 2013

QUE JERGA.


Que Jerga.

Estamos rodeados, unos nos rehusamos a rendirnos pero la batalla parece perdida. Los malandros nos han superado en número y manejan al país, desde el Alto Gobierno hasta su casa…

Para efectos de su comprensión, en las próximas líneas me referiré a los malandros como ELLOS; así mismo, y con la certeza de que quienes tienen a bien leer mis pendejadas pseudofilosóficas pertenecen a esa raza en extinción distinta a ELLOS, procederé a llamarnos NOSOTROS.

Venezuela, con sus honrosas excepciones, se ha convertido en un país de malandros. Para quienes nos son venezolanos y leen estas líneas, ELLOS son esos individuos (hombre o mujer) que, al no haber aprendido una manera adecuada de hacer las cosas (Hablar, caminar, trabajar, escribir, tratar a las personas, etc) lo hacen a su manera, que suele ser una manera equivocada y desagradable. Nuestra desgracia como país  radica en que la tasa de reproducción de ELLOS, con respecto a la de NOSOTROS va en una relación de 5 a 1 es decir: Por cada carajito (bonito o no) que, luego de varios análisis, proyecciones financieras, reposos pre y post natal, etc NOSTROS traemos al mundo; ELLOS traen cinco. Sin saber ni qué carajo les van a dar en la vida aparte de cogotazos…

Existen varias formas de reconocer a un malandro. Si bien hay un grupo de ELLOS que por afinidades políticas o negocios turbios (o ambos en la mayoría de los casos) han logrado amasar grandes fortunas que les permiten vestirse mejor que la realeza, siempre sale a relucir aquel viejo refrán de abuela: “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”. Pero pasaremos a describir al malandro de a pié, ese que vemos a diario en cada esquina; en cada moto; en cada mostrador…

Su vestimenta suele estar conformada por unos jeans rojos de bota estrecha (hay que ser malandro para comprar unos jeans rojos) con un peine en el bolsillo trasero; una guardacamisa blanca; unos zapatos NIKE “Joldan”; una gorra de medio lado y unos lentes oscuros de montura blanca (si el vidrio de los lentes es de estilo persiana con rayas blancas intercaladas, corra por su vida…) Como accesorio indispensable: Un bolso de tira larga cruzado desde el hombro izquierdo hasta el costado derecho de su cadera.

Otro factor determinante para  reconocer a un malandro es su forma de desplazarse, bien sea a pié o en moto, ELLOS tienen un estilo particular de trasladarse de un lugar a otro, a saber: Cuando un malandro camina, lo hace como si hubiese nacido con una pierna más larga que la otra o como si caminaran con un pié en la acera y otro en la calle; los brazos tienen un vaivén exagerado (como si se sacudieran moscas del culo mientras caminan) y la cabeza tiene el reflejo de voltear casi 180 grados cada cinco pasos  para ver si los están siguiendo. Si se desplazan en moto (cosa que se ha convertido en la plaga venezolana de los últimos tiempos) siempre llevan un hombro más alto que el otro y, casi por reflejo, sueltan la mano izquierda del manubrio de la moto (a la velocidad en que un camaleón saca la lengua para cazar un insecto) para levantarla e insultarnos en un movimiento rítmico acompañado de la distintiva palabra de insulto favorita de los motorizados malandros: “Magueebooooo!”

De todos los aspectos distintivos que los diferencian a ELLOS de NOSOTROS, el más resaltante es LA JERGA. Si bien es cierto que el idioma es un elemento dinámico de la comunicación, es decir, se va adaptando a los cambios de las sociedades a las que pertenece, en Venezuela, y más específicamente en Caracas, ha ocurrido un proceso de deformación del lenguaje que lo hace casi inentendible para la mayoría de NOSOTROS. La JERGA de los malandros se ha apoderado de todos los espacios de la sociedad y NOSOTROS nos vemos sometidos a ella a diario.

Atrás quedó el tiempo en que nos recibían diciendo: “Buenas tardes señor, en qué puedo ayudarlo?” No importa si es en un ministerio público o en una tienda exclusiva de ropa, no va a faltar un empleado que nos reciba diciendo “Dime amolll, si necesitas algo cualquiera cosa estoy por alla” (es importante, para poder visualizar mejor el escenario, que se repita lo leído con un tono nasal y sustituyendo rigurosamente las “L” por “R” y viceversa. Por ejemplo: Cuarquiera, en lugar de Cualquiera)

Cuando ELLOS son muy malandros las conversaciones las hacen en dialecto: “Pasó el mío? Ya yo hable con el Yoiner ya,  pa que le diga a Nairobi que le diga al maguebo ese que no sea bruja, que si sigue con la gueboná voy a sacá la gaga y le voy a da chuleta, oiiiijjteee?” Que precariamente traducido quiere decir: “Hola amigo, yo hablé con Yoiner para que le dijera a Nairobi (Son nombres malandreos y no tienen traducción) que hable con su primo y que no siga con su actitud, que si persiste en ella voy a tener que desenfundar mi arma y acabar con su vida, de acuerdo?”

La más reciente inclusión en la JERGA malandra es la palabra CHICO/CHICA. Resulta complicado explicar la forma en la que es usada una palabra que, siendo común para cualquier latinoamericano, ELLOS han logrado que resulte malandra. Para ello pondré el siguiente ejemplo de entonación: Recuerdan cuando vivían en casa de sus padres y le iban a pedir un vaso de agua a su mamá?: “Mammmaaa?, ella responde: “Queee?” “Me traes un vaso de aguaaa?” “Tu si jodes” “Fria”. Bueno, la entonación de ese “Mammaaa” es la misma que ELLOS usan para decir CHICOOO y la usan más o menos así: “Dime CHICO, en que puedo ayudarte?” uno respira profundamente y responde “Vengo a comprar un celular” “Okei, te voy a pasar con la CHICA de ventas para que te atienda, CHICAAA (importante aquí la entonación) el CHICO aquí quiere un celular, maricaaa lo puedes atender? Que allá afuera me está esperando Yoiner en la moto que parece que tienen un peo con mi primo y le voy a decir que se vaya para casa de mi madrina porque si no le van a dar chuleta, después te cuentro”


Siempre, después de escuchar una conversación de este tipo pienso en mi abuelo que, como la mayoría de las personas de su época, era un individuo de correcto hablar y mejor vestir, y lo visualizo encogiendo sus hombros y preguntándose: “Qué JERGA es esta”