miércoles, 26 de octubre de 2011

La vida son momentos.

Intentar resumir un viaje con tus mejores amigos a uno de los lugares más hermosos e imponentes del planeta no es tarea fácil, es casi como pretender definir el amor en pocas palabras.

Un viaje al Roraima Tepuy requiere cierta capacitación física y mucha organización. En medio de esta organización nos dimos cuenta que mi cumpleaños  estaba en el itinerario y, ni en mis sueños más optimistas, me imaginé que iba a ser el mejor cumpleaños de mi vida.
El viaje podría resumirse con la palabra agua. Cargado de emociones y de paisajes imponentes; de riesgos, muy poco sol y en ocasiones paz absoluta, pero mucho agua, a decir de los guías Pemones, uno de los inviernos más fuertes de los últimos años.

Después de explorar la cima del Roraima durante varios días, llegó el momento del descenso, era mi cumpleaños pero la lluvia era tan intensa  que ni yo lo recordé, la prioridad era mantener los cinco sentidos en lo que se  hacía para evitar accidentes y poder llegar, ya en la noche,  a levantar campamento a orillas del río Kukenan. Y así fue, después de un larguísimo día de caminata y tensión, llegamos a orillas del río donde levantamos campamento, rodeados de carpas en las que no se hablaba español,  y de repente, como si el universo hubiera planeado mi regalo de cumpleaños, se abrió el cielo para dar paso al espectáculo más hermoso y conmovedor que pudiésemos imaginar, aún tengo la imagen tatuada en mis pupilas, el rumor del río, imponente frente a nosotros; millones de estrellas adornando el firmamento; la silueta de los tepuyes gigantes al fondo y el sentimiento de humildad ante el planeta.

Recuerdo, claramente, cierta mirada cómplice de mis amigos, mis hermanos que elegí para que me acompañaran en la vida, y uno de ellos sacó de su bolso una pequeña torta, bastante maltrecha por la travesía, a la que le colocaron una rama que tomaron de un árbol para encenderla y cantarme cumpleaños, al terminar otro de mis amigos levantó una “carterita” de acero inoxidable que llevó escondida en su bolso durante todo el viaje, no sin antes aclarar: “cabe casi media botella aquí” y brindó por mi cumpleaños. Juntos celebramos hasta que el cansancio fue el protagonista y nos fuimos retirando a nuestras carpas. Únicamente quedamos tres personas junto a la fogata en un silencio absoluto, solo interrumpido por el rumor del río, y viendo al cielo infinito, uno de ellos rompió el silencio para reflexionar: “ de esto se trata la vida no?”. Yo, antes de entrar a mi carpa, miré al cielo y pedí que nunca pudiera olvidar ese momento, y así ha sido, y así será.

viernes, 14 de octubre de 2011

Ser padre es...

Ser padre es…
En la actualidad uno podría encontrar estanterías completas en las librerías dedicadas a la enseñanza de ser padre. Debe ser un negocio que genera mucho dinero, puesto que la primera inquietud que se tiene al saber que se va a ser padre (o madre) es que uno no sabe nada de eso, uno siempre ha sido hijo, así que la mejor manera de aprender algo es leyendo; después de todo así aprendimos matemáticas e historia, debe funcionar…
Obviamente existe también el apoyo de Internet, pero durante esos nueve meses que dura el embarazo uno llega a una conclusión fundamental, y por la cual hasta la persona que nunca ha leído ni las páginas de deporte de los periódicos termina, al menos, ojeando un libro de auto-ayuda para padres primerizos, esta conclusión es la siguiente: “No, mejor compro el libro ese, no vaya a ser que este tipo esté pelado y termino yo poniendo la torta, además no es un microondas, es mi hijo” y es así como termina uno comprando y leyendo durante nueve meses, libros que van desde “Que esperar cuando se está esperando” a  “Padres desde la A hasta la Z”.
Llega el día de ser padres y uno sale (como hemos visto en las películas, que son nuestra única referencia) a toda velocidad a la clínica porque el bebé va a nacer en cualquier momento, Dios quiera que no nos agarre una cola porque tendrá que venir una bombero a traer a nuestra hija al mundo y tendremos que ponerle su nombre (como hemos visto en las películas, que son nuestra única referencia…) : Yumirleydi Hernández, “nooo, apúrate que tiene que ser en la clínica, correeee, pero por qué te tienes que meter a bañar coño? Has tenido nueve meses para eso. Epa, epa, el coleto no Laryssa. Bueno que nazca en el tobo entonces! yo me acuesto otra vez y cuando termines de limpiar me avisas”
Después de cinco horas de parto (y muchos tienen los riñones de decir que fue poco) nace la bebé. A los padres, o al menos a mí, el mundo se me puso en “Mute” cuando mi hija lloró por primera vez  fue lo único que escuché en ese momento, todo lo demás simplemente se apagó y comencé a sentir algo nuevo, es un sentimiento que solo entienden los padres, y quien no lo es, cree entenderlo pero no tiene ni la más mínima idea de lo que representa. Comienzan a llegar las visitas y uno nota una escalofriante risita de aquellos que han sido padres recientemente, es como si con ella te dijeran “Espero que hayas dormido bien hasta ahora y que tengas una mesa descuadrada para que le pongas en las patas los libros esos que estuviste leyendo como un bolsa por nueve meses” Porque ciertamente no existe un manual para ser padres, lamentablemente los niños no vienen con instrucciones ni con botones de “pausa y play” (créanme, yo se los he buscado, no hay) uno tiene que comenzar a recurrir a sus instintos y a los consejos de sus padres, con quienes se desarrolla también una relación distinta, a partir del momento en que nos convertimos en padres comenzamos a ver a nuestros padres con otros ojos, somos casi colegas…
Todo lo que creíamos que le íbamos a enseñar a nuestros hijos termina siendo una lección para nosotros también, porque en el proceso de ser padres los niños se educan mientras los padres aprenden. Comenzamos a visualizar a nuestros hijos como quisiéramos  que fueran en el futuro, pero ya a estas alturas se sabe que lo mejor que se les puede ofrecer son valores para que decida, de la mejor manera posible, qué quiere ser y cómo lo va a lograr; procurando enseñarles que el norte es la felicidad y todo lo que vaya en contra de eso es el camino equivocado. Los hijos son por esencia una academia de paciencia, no todo es siempre como uno quisiera y en ocasiones nos desesperamos, pero pronto entendemos que tenemos que convivir con ellos sin pretender vivir sus vidas o que ellos repitan las nuestras, son como el post grado que nos pone la vida para terminar de recorrer el camino.
Intentar definir lo que es ser padre es un poco complicado porque tiene mucho de subjetivo, y se termina describiendo lo que para uno quiere decir ser padre, sin embargo creo interpretar bien a la mayoría de los padres con el siguiente ejemplo:
Si tu hijo se encuentra en una sala de terapia intensiva, sin tu saber qué está pasando, seguramente harás lo mismo que yo, voltearás al cielo y harás un trueque desde lo más profundo de tu alma: “Este es el trato Chuchito, párteme el corazón en mil pedazos y sácame a esa carajita de ahí, con eso quedamos pagos”

Con cariño a mi hija y a los que estén por venir, a quienes les pertenece cada latido de mi corazón, desde ahora hasta el último.

martes, 11 de octubre de 2011

El matrimonio es...

El Matrimonio es…
Si alguno de ustedes se viese ante un ligero ataque de insomnio y por pura curiosidad buscase en Google la frase “El matrimonio es”, encontraría definiciones del siguiente tenor:
El matrimonio es el proceso químico por el que se transforma la media naranja en medio limón.
El matrimonio pone fin a muchas locuras cortas con una larga estupidez.
El matrimonio es una situación en la que ninguna mujer obtiene lo que esperaba y ningún hombre espera lo que obtiene.
Nadie puede decir que el matrimonio sea fácil, esencialmente es entregar parte de tus libertades y convivir para siempre con una persona que hasta hace pocos años ni conocías; adaptarte a sus costumbres, aceptar sus defectos y adoptar su familia.
Yo, por ejemplo, asumiendo los miles de defectos que pueda tener y comprendiendo que mis esposa se ha tenido que adaptar a muchos de ellos ( no siempre con buena cara) he asumido algunas de sus costumbres (no me atrevería a llamarlos defectos) para mantener la armonía de mi hogar. A saber:
Por su obsesión con el orden y la limpieza, mis esposa es perfectamente capaz de tender la cama conmigo  todavía durmiendo en ella; capaz de prender la aspiradora y pasarla frente al televisor en el noveno inning de una final Caracas – Magallanes  o darse cuenta que hay una mancha en el techo cuando… bueno, darse cuenta que hay una mancha en el techo.
Como todas las esposas del mundo ella puede entablar una conversación justo en el momento en que van a atrapar al asesino en CSI o pedirme un Domingo (día en que ningún hombre del planeta está programado para nada que no sea ver televisión) que vayamos al cumpleaños de la vecina de la hermana de un tío político de la abuela.
Sin embargo esas costumbres son, al ponerlas en la balanza, muy inferiores a sus virtudes (y esto no tiene nada que ver con que sea ella la primera persona en leer lo que escribo) y de eso se trata el matrimonio. Lo primero que uno tiene que asumir al aceptar la vida en pareja es que la felicidad tiene que ser un objetivo y un camino, con la paradoja de que es unipersonal, es decir, si una persona lo desea te puede hacer profundamente infeliz. Pero, aunque ponga su mayor esfuerzo, si tú no estás dispuesto nadie podrá hacerte feliz, porque la felicidad no se delga, se ejerce.
Si yo tuviera que definir el matrimonio, diría que es un juego parecido al de tirar de la cuerda, con la diferencia que en este juego cuando uno gana todos pierden; el objetivo es mantener la cuerda tensa, unas veces más hacia un lado que de otro, pero siempre firme, porque en el momento que la cuerda se va totalmente hacia un lado no hay ganador.
Por último, y disculpen mi complejo de Dr. Phil, les dejo una pregunta reflexiva que creo que le pertenece a un tío muy sabio: Cuando se vean en una discusión en la que ambas partes quieran tener la razón, pregúntense qué prefieren, ser feliz o tener la razón. Yo trato siempre de ser feliz.

NOTA: El tío al que hago referencia se ha casado tres veces, dos con la misma mujer y en determinado momento estuvo casado con dos de ellas al mismo tiempo (por lo que se le quiso acusar de poligamia) y con todo y eso se le ve feliz. La nota la hago porque lo que me resulta sabio de él son sus reflexiones no sus actos. Quién puede casarse tantas veces y pretender ser sabio?

jueves, 6 de octubre de 2011

El vino es como las mujeres.

Hoy en día todos queremos ser Chef. Tal vez sea como consecuencia de los Canales de cocina que se han ido adoptando términos y actitudes propias del mundo culinario. Así pues ya nadie pica una cebolla en cuadritos chirriquiticos, como se hacia antes, sino que la pica en Brunoise; ya nadie dora un pedazo de carne sino que lo sella y nadie sirve la comida sino que emplata.
Esa tendencia a llamar las cosas por su nombre en la cocina y a decorar los platos como si fuesen a ser servidos para la nobleza no tendría nada de negativo de no ser por un grupo de individuos que, además de demostrar sus conocimientos culinarios, quieren demostrar sus conocimientos en el subjetivo y muchas veces fantasioso mundo de la enología, convirtiéndose así ( a mi humilde criterio) en lo que en la bella isla de Cuba llamarían UN COMEMIERDA!
Si bien es justo reconocer que efectivamente hay gente que puede saber ciertos aspectos que convierten a algunos vinos en vinos buenos o malos, o saber las diferencias esenciales que distinguen a unos de otros, el noventa por ciento de las persona que hablan de vinos lo hacen desde una trinchera muy subjetiva que le da a su discurso un toque de erudición que resulta insoportable para nosotros, los simples mortales que compramos vino para disfrutarlo y, si es posible, rascarnos y hablar paja del gobierno.


Paso a describir el accionar de uno de estos individuos cuando toca desplegar todo su comemierdismo vinícola:



Paso 1: No importa que su visión sea 20:20, debe agarrar la botella de vino metiéndole el dedo gordo por la cavidad del fondo de la botella y ponerla a altura del ombligo ( como si sufriera de presbicia) y con cara de bolsa leer la etiqueta.



Paso 2: Si bien todos sabemos que lo que va a determinar cual botella va a comprar nuestro comemierda es el precio de la misma (un precio medio va muy bien con su estilo, pues nadie le va a creer que encuentra cualidades en un vino barato) hace un recorrido por toda la bodega, agarrando incluso botellas que ni en sus mayores fantasías podría comprar.



Paso 3: Compra la botella con la mejor relación precio calidad (aplausos para el comemierda)



Paso 4: Llega a la reunión a la que fue invitado agarrando la botella solo con el dedo gordo metido en el fondo de la botella, asustado de que no se le vaya a caer y buscando una nevera para TEMPERARLO...



Paso 5: Luego de un rato le pide al anfitrión un sacacorchos y comienza a hacer alarde de sus conocimientos
        5.1 Sacar el corcho preferiblemente con un sacacorchos profesional ( no importa que con el otro sea mas fácil)
        5.2 Oler el corcho y buscar en su memoria (siempre con cara de bolsa) algún olor particular.


Paso 6: Sirve una pequeña cantidad de vino en una copa y, después de darle varias vueltas y olerla una y otra vez, procede a tomar un sorbo, haciendo una larga pausa para aumentar el dramatismo.



Paso 7: Hace un comentario pendejo sobre el vino llamando la uva por su nombre: "Este Merlot deja en boca un sabor afrutado (como si pudiera dejarlo en otro lado que no fuera la boca) Se nota la barrica de roble y se le pueden sentir frutas silvestres como el arándano y el mamón del Mediterráneo"



Ahí es donde viene mi arrechera!, yo necesito que alguien me explique como es que a una bebida que se hace con uvas, y que no lleva en su preparación nada mas que uvas, se le puede encontrar tantos sabores a frutas tan distintas. Yo he visto personas que son capaces de encontrar sabores absurdos en una copa de vino: Tabaco, cenizas, frutas rojas, rábanos y hasta tierra; para un aprendiz de enólogo no hay limites en su paladar o su nariz (y menos en su estupidez).



Por ultimo les dejo una irreflexión de un amigo profesor de coctelería: Los vinos son como las mujeres; el mejor vino es el que mas te guste; te puede gustar un vino económico o uno costoso, pero hay vinos, como hay mujeres, que simplemente son inaccesibles para el común de los mortales, esos siempre son buenos.



Salud!