sábado, 9 de noviembre de 2013

El Legado del Comandante




EL LEGADO DEL COMANDANTE

El Título del presente escrito lo tomo prestado de un programa de televisión de una de esas televisoras creadas en los últimos años para rendirle pleitesía al “Líder máximo y eterno de la Revolución Bolivariana”. En dicho canal se cumple, finalmente, uno de los sueños supremos del “Comandante-Presidente” y no me refiero a la igualdad entre los ciudadanos o la MAYOR SUMA DE FELICIDADES PARA EL PUEBLO, no. Su sueño máximo era trascender a su estado físico para poder estar encadenado las 24 horas del día, en un espacio en el que únicamente se hable de él y en su nombre, ubicándolo de manera arbitraria, entre personajes desaparecidos o religiosos a quienes nunca se les preguntó su afinidad política con el finado comandante. Es así como nos muestran a un “comandante-presidente” con su pose de intelectual junto a, ni más ni menos, Jesucristo y  Simón Bolívar; tomados de la mano y luchando por la justicia y la igualdad social. Una vaina así como El Salón de la Justicia pero mucho más arrecho.

Pero vamos a analizar seriamente cuál es el verdadero legado del comandante porque, siendo honestos, esta vaina no se empezó a torcer con la llegada de “El Bolívar reencarnado” al poder. Si existe una realidad del tamaño de Venezuela es que en este país no hemos dado pié con bola con ningún presidente y hemos vivido de caudillo en caudillo esperando que los políticos cumplan con sus promesas, vaina que nunca va a suceder ni aquí ni en ninguna parte del mundo, porque ellos sólo existen para no tener que trabajar y hacerse ricos a costilla de los pendejos que los elegimos. El legado del “Salvador de la patria” no ha sido otro que la profundización de nuestras taras que venimos arrastrando desde la fundación de la república, unidas con las taras que veníamos arrastrando de nuestros ancestros indígenas ( No olvidemos que mientras los pueblos indígenas de México y Centroamérica por un lado, y otro tanto de Suramérica por el otro estaban construyendo civilizaciones, nuestros indígenas andaban viendo qué etnia vecina se descuidaba para robarle sus vainas y matarse a carajazos entre ellos. Nada muy distinto a lo que vivimos hoy en día…) Si por algo será recordado “El Gran latinoamericano” es por despertar nuestros más bajos instintos y por tener el triste mérito de haber hambreado a un país ineludiblemente rico.

Muchas veces he tratado de autoconvencerme de que los venezolanos somos gente cordial y amable, pero la realidad se nos presenta como un yunque. Los venezolanos hemos aflorado nuestra verdadera cara que, detrás de la sonrisa, esconde un puñal y sólo está esperando el momento para tomar ventaja de la situación y hacerse del botín. Muchos podrían creer que generalizo y tal vez sea cierto, pero la realidad es que los que estamos equivocados de país somos los que no formamos parte de ese perfil; somos nosotros, los menos, los que creemos en el esfuerzo individual y en los valores para alcanzar nuestras metas. Estamos nadando, como el salmón, contra la corriente y vamos a terminar, como el salmón, en el sartén…

La realidad es que los malos de la clase llegaron al poder. Ese carajo sabrosón que se pasó toda su vida estudiantil tomando ventaja de los demás y jurando que si algún día llegaba a presidente iba a decretar el fin de semana desde el jueves, ahora es un ministro o un diputado… tal vez hasta un presidente.

El Legado del “Corazon de la patria” se nos muestra con múltiples facetas, pero una de las más significativas es la faceta iconográfica del proceso. Este periodo histórico-político que nos tomó por asalto tiene sus palabras, sus gestos y, sobre todo, su perfil personal. Vamos a intentar describirlo para que, en el mejor de los casos, los que no lo hayan notado estén muy alertas y sepan diferenciar a un malandro disfrazado de socialista de un CIUDADANO.

El “Camarada enchufado” (No estoy describiendo al individuo plagado de carencias e ignorancia del cual se han aprovechado para llegar al poder, sino de aquel aprovechador y oportunista que generalmente se cuadra con el gobierno de turno) suele ser in individuo con pocos o ningún mérito académicos para ocupar algún puesto en cualquier empresa pública o privada. Por lo general, si es que se graduó de alguna universidad, lo hizo en una universidad de poco renombre y su escalada social dependía, casi exclusivamente, de su declaración de posición política. Es lo que en el argot popular se denomina un Chambista.

Este Chambista, es un individuo de gustos refinados (Trajes de marca; carros de lujo y casas o apartamentos en buenas zonas del este de Caracas). Les encanta el mejor colegio de la ciudad para sus hijos, pero en las reuniones de padres y representantes deja claro que no está de acuerdo en aumentar la matrícula con la que se paga la educación de sus hijos y suele amenazar con llevar el caso a las autoridades competentes. Mientras hablan pestes del imperio y del capitalismo, deciden atacar al monstruo desde adentro y se van de vacaciones a Miami para hacer sus diligencias...

Nuestro chulo tiene un catálogo de palabras propias de la revolución, que usa (generalmente mal empleadas) para poder darnos al resto de los profanos CIUDADANOS de este país un discurso de igualdad y humanismo. Les encantan palabras como SOBERANÍA mientras le entregan el país a varias potencias extranjeras siempre y cuando no sean los gringos. Usan la palabra FASCISTA desde su más profunda ignorancia, mientras con su modo de actuar dan definición al término, es decir, no hay vaina más fascista que un funcionario público en la Venezuela de hoy, y van por el mundo hablando de INDEPENDENCIA; PRODUCCIÓN ENDÓGENA y LOGROS REVOLUCIONARIOS mientras somos cada vez menos independientes precisamente por la destrucción de nuestra producción nacional; todo un logro pues!

Si bien el vocabulario es importante para el andar de nuestros inmorales boliburgueses, su gesticulación es vital. De nada sirve decir INTEGRACIÓN sin entrelazar los dedos de ambas manos con los brazos estirados (se estiran los dedos de ambas manos y justo al momento de decir INTEGRACION se entretejen los dedos de la mano derecha con los de la izquierda, siempre en dos tiempos) ¿De qué carajo puede servir decir SOBERANÍA sin darle tres (3) golpes con el dedo índice a la mesa en la cual se habla?

La descripción de ellos es muy amplia y aún más obvia, por lo que no vale la pena ahondar en detalles. La gran pregunta es ¿Quiénes están de más? Yo creo que los que estamos como cucaracha en baile de gallina somos nosotros, los que tenemos claro el concepto de CIUDADANOS por contraposición al de HABITANTE. Lamentablemente este país se ha convertido en un territorio con habitantes, con los derechos alborotados y los deberes adormecidos. Un país de carroñeros esperando el momento para tomar su parte del botín con el gobierno que mejor los representa y en el que única salida posible pareciera ser El Aeropuerto Internacional de Maiquetía.


Disculpen que los traiga a la realidad. Otro día le daré un enfoque más ameno  a nuestra historia pero hoy no pude.


Cierro con una frase lapidaria de una persona a quien quise mucho a pesar de sus poses políticas y de quien me reservo los datos por respeto a su memoria. ¨Esta vaina está tan mala… que está buena” 

viernes, 8 de febrero de 2013

QUE JERGA.


Que Jerga.

Estamos rodeados, unos nos rehusamos a rendirnos pero la batalla parece perdida. Los malandros nos han superado en número y manejan al país, desde el Alto Gobierno hasta su casa…

Para efectos de su comprensión, en las próximas líneas me referiré a los malandros como ELLOS; así mismo, y con la certeza de que quienes tienen a bien leer mis pendejadas pseudofilosóficas pertenecen a esa raza en extinción distinta a ELLOS, procederé a llamarnos NOSOTROS.

Venezuela, con sus honrosas excepciones, se ha convertido en un país de malandros. Para quienes nos son venezolanos y leen estas líneas, ELLOS son esos individuos (hombre o mujer) que, al no haber aprendido una manera adecuada de hacer las cosas (Hablar, caminar, trabajar, escribir, tratar a las personas, etc) lo hacen a su manera, que suele ser una manera equivocada y desagradable. Nuestra desgracia como país  radica en que la tasa de reproducción de ELLOS, con respecto a la de NOSOTROS va en una relación de 5 a 1 es decir: Por cada carajito (bonito o no) que, luego de varios análisis, proyecciones financieras, reposos pre y post natal, etc NOSTROS traemos al mundo; ELLOS traen cinco. Sin saber ni qué carajo les van a dar en la vida aparte de cogotazos…

Existen varias formas de reconocer a un malandro. Si bien hay un grupo de ELLOS que por afinidades políticas o negocios turbios (o ambos en la mayoría de los casos) han logrado amasar grandes fortunas que les permiten vestirse mejor que la realeza, siempre sale a relucir aquel viejo refrán de abuela: “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”. Pero pasaremos a describir al malandro de a pié, ese que vemos a diario en cada esquina; en cada moto; en cada mostrador…

Su vestimenta suele estar conformada por unos jeans rojos de bota estrecha (hay que ser malandro para comprar unos jeans rojos) con un peine en el bolsillo trasero; una guardacamisa blanca; unos zapatos NIKE “Joldan”; una gorra de medio lado y unos lentes oscuros de montura blanca (si el vidrio de los lentes es de estilo persiana con rayas blancas intercaladas, corra por su vida…) Como accesorio indispensable: Un bolso de tira larga cruzado desde el hombro izquierdo hasta el costado derecho de su cadera.

Otro factor determinante para  reconocer a un malandro es su forma de desplazarse, bien sea a pié o en moto, ELLOS tienen un estilo particular de trasladarse de un lugar a otro, a saber: Cuando un malandro camina, lo hace como si hubiese nacido con una pierna más larga que la otra o como si caminaran con un pié en la acera y otro en la calle; los brazos tienen un vaivén exagerado (como si se sacudieran moscas del culo mientras caminan) y la cabeza tiene el reflejo de voltear casi 180 grados cada cinco pasos  para ver si los están siguiendo. Si se desplazan en moto (cosa que se ha convertido en la plaga venezolana de los últimos tiempos) siempre llevan un hombro más alto que el otro y, casi por reflejo, sueltan la mano izquierda del manubrio de la moto (a la velocidad en que un camaleón saca la lengua para cazar un insecto) para levantarla e insultarnos en un movimiento rítmico acompañado de la distintiva palabra de insulto favorita de los motorizados malandros: “Magueebooooo!”

De todos los aspectos distintivos que los diferencian a ELLOS de NOSOTROS, el más resaltante es LA JERGA. Si bien es cierto que el idioma es un elemento dinámico de la comunicación, es decir, se va adaptando a los cambios de las sociedades a las que pertenece, en Venezuela, y más específicamente en Caracas, ha ocurrido un proceso de deformación del lenguaje que lo hace casi inentendible para la mayoría de NOSOTROS. La JERGA de los malandros se ha apoderado de todos los espacios de la sociedad y NOSOTROS nos vemos sometidos a ella a diario.

Atrás quedó el tiempo en que nos recibían diciendo: “Buenas tardes señor, en qué puedo ayudarlo?” No importa si es en un ministerio público o en una tienda exclusiva de ropa, no va a faltar un empleado que nos reciba diciendo “Dime amolll, si necesitas algo cualquiera cosa estoy por alla” (es importante, para poder visualizar mejor el escenario, que se repita lo leído con un tono nasal y sustituyendo rigurosamente las “L” por “R” y viceversa. Por ejemplo: Cuarquiera, en lugar de Cualquiera)

Cuando ELLOS son muy malandros las conversaciones las hacen en dialecto: “Pasó el mío? Ya yo hable con el Yoiner ya,  pa que le diga a Nairobi que le diga al maguebo ese que no sea bruja, que si sigue con la gueboná voy a sacá la gaga y le voy a da chuleta, oiiiijjteee?” Que precariamente traducido quiere decir: “Hola amigo, yo hablé con Yoiner para que le dijera a Nairobi (Son nombres malandreos y no tienen traducción) que hable con su primo y que no siga con su actitud, que si persiste en ella voy a tener que desenfundar mi arma y acabar con su vida, de acuerdo?”

La más reciente inclusión en la JERGA malandra es la palabra CHICO/CHICA. Resulta complicado explicar la forma en la que es usada una palabra que, siendo común para cualquier latinoamericano, ELLOS han logrado que resulte malandra. Para ello pondré el siguiente ejemplo de entonación: Recuerdan cuando vivían en casa de sus padres y le iban a pedir un vaso de agua a su mamá?: “Mammmaaa?, ella responde: “Queee?” “Me traes un vaso de aguaaa?” “Tu si jodes” “Fria”. Bueno, la entonación de ese “Mammaaa” es la misma que ELLOS usan para decir CHICOOO y la usan más o menos así: “Dime CHICO, en que puedo ayudarte?” uno respira profundamente y responde “Vengo a comprar un celular” “Okei, te voy a pasar con la CHICA de ventas para que te atienda, CHICAAA (importante aquí la entonación) el CHICO aquí quiere un celular, maricaaa lo puedes atender? Que allá afuera me está esperando Yoiner en la moto que parece que tienen un peo con mi primo y le voy a decir que se vaya para casa de mi madrina porque si no le van a dar chuleta, después te cuentro”


Siempre, después de escuchar una conversación de este tipo pienso en mi abuelo que, como la mayoría de las personas de su época, era un individuo de correcto hablar y mejor vestir, y lo visualizo encogiendo sus hombros y preguntándose: “Qué JERGA es esta”