Que Jerga.
Estamos rodeados, unos nos rehusamos a rendirnos pero la
batalla parece perdida. Los malandros nos han superado en número y manejan al
país, desde el Alto Gobierno hasta su casa…
Para efectos de su comprensión, en las próximas líneas me
referiré a los malandros como ELLOS; así mismo, y con la certeza de que quienes
tienen a bien leer mis pendejadas pseudofilosóficas pertenecen a esa raza en
extinción distinta a ELLOS, procederé a llamarnos NOSOTROS.
Venezuela, con sus honrosas excepciones, se ha convertido en
un país de malandros. Para quienes nos son venezolanos y leen estas líneas, ELLOS
son esos individuos (hombre o mujer) que, al no haber aprendido una manera
adecuada de hacer las cosas (Hablar, caminar, trabajar, escribir, tratar a las
personas, etc) lo hacen a su manera, que suele ser una manera equivocada y
desagradable. Nuestra desgracia como país radica en que la tasa de reproducción de ELLOS,
con respecto a la de NOSOTROS va en una relación de 5 a 1 es decir: Por cada
carajito (bonito o no) que, luego de varios análisis, proyecciones financieras, reposos pre y post natal, etc NOSTROS traemos al mundo; ELLOS traen cinco. Sin
saber ni qué carajo les van a dar en la vida aparte de cogotazos…
Existen varias formas de reconocer a un malandro. Si bien
hay un grupo de ELLOS que por afinidades políticas o negocios turbios (o ambos
en la mayoría de los casos) han logrado amasar grandes fortunas que les
permiten vestirse mejor que la realeza, siempre sale a relucir aquel viejo
refrán de abuela: “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”. Pero
pasaremos a describir al malandro de a pié, ese que vemos a diario en cada
esquina; en cada moto; en cada mostrador…
Su vestimenta suele estar conformada por unos jeans rojos de
bota estrecha (hay que ser malandro para comprar unos jeans rojos) con un peine
en el bolsillo trasero; una guardacamisa blanca; unos zapatos NIKE “Joldan”;
una gorra de medio lado y unos lentes oscuros de montura blanca (si el vidrio
de los lentes es de estilo persiana con rayas blancas intercaladas, corra por
su vida…) Como accesorio indispensable: Un bolso de tira larga cruzado desde el
hombro izquierdo hasta el costado derecho de su cadera.
Otro factor determinante para reconocer a un malandro es su forma de
desplazarse, bien sea a pié o en moto, ELLOS tienen un estilo particular de
trasladarse de un lugar a otro, a saber: Cuando un malandro camina, lo hace
como si hubiese nacido con una pierna más larga que la otra o como si caminaran
con un pié en la acera y otro en la calle; los brazos tienen un vaivén exagerado
(como si se sacudieran moscas del culo mientras caminan) y la cabeza tiene el
reflejo de voltear casi 180 grados cada cinco pasos para ver si los están siguiendo. Si se
desplazan en moto (cosa que se ha convertido en la plaga venezolana de los
últimos tiempos) siempre llevan un hombro más alto que el otro y, casi por
reflejo, sueltan la mano izquierda del manubrio de la moto (a la velocidad en
que un camaleón saca la lengua para cazar un insecto) para levantarla e
insultarnos en un movimiento rítmico acompañado de la distintiva palabra de
insulto favorita de los motorizados malandros: “Magueebooooo!”
De todos los aspectos distintivos que los diferencian a
ELLOS de NOSOTROS, el más resaltante es LA JERGA. Si bien es cierto que el
idioma es un elemento dinámico de la comunicación, es decir, se va adaptando a los
cambios de las sociedades a las que pertenece, en Venezuela, y más
específicamente en Caracas, ha ocurrido un proceso de deformación del lenguaje
que lo hace casi inentendible para la mayoría de NOSOTROS. La JERGA de los
malandros se ha apoderado de todos los espacios de la sociedad y NOSOTROS nos
vemos sometidos a ella a diario.
Atrás quedó el tiempo en que nos recibían diciendo: “Buenas
tardes señor, en qué puedo ayudarlo?” No importa si es en un ministerio público
o en una tienda exclusiva de ropa, no va a faltar un empleado que nos reciba
diciendo “Dime amolll, si necesitas algo cualquiera cosa estoy por alla” (es
importante, para poder visualizar mejor el escenario, que se repita lo leído con
un tono nasal y sustituyendo rigurosamente las “L” por “R” y viceversa. Por
ejemplo: Cuarquiera, en lugar de Cualquiera)
Cuando ELLOS son muy malandros las conversaciones las hacen
en dialecto: “Pasó el mío? Ya yo hable con el Yoiner ya, pa que le diga a Nairobi que le diga al
maguebo ese que no sea bruja, que si sigue con la gueboná voy a sacá la gaga y
le voy a da chuleta, oiiiijjteee?” Que precariamente traducido quiere decir: “Hola
amigo, yo hablé con Yoiner para que le dijera a Nairobi (Son nombres malandreos
y no tienen traducción) que hable con su primo y que no siga con su actitud,
que si persiste en ella voy a tener que desenfundar mi arma y acabar con su
vida, de acuerdo?”
La más reciente inclusión en la JERGA malandra es la palabra
CHICO/CHICA. Resulta complicado explicar la forma en la que es usada una
palabra que, siendo común para cualquier latinoamericano, ELLOS han logrado que
resulte malandra. Para ello pondré el siguiente ejemplo de entonación:
Recuerdan cuando vivían en casa de sus padres y le iban a pedir un vaso de agua
a su mamá?: “Mammmaaa?, ella responde: “Queee?” “Me traes un vaso de aguaaa?” “Tu
si jodes” “Fria”. Bueno, la entonación de ese “Mammaaa” es la misma que ELLOS
usan para decir CHICOOO y la usan más o menos así: “Dime CHICO, en que puedo
ayudarte?” uno respira profundamente y responde “Vengo a comprar un celular” “Okei,
te voy a pasar con la CHICA de ventas para que te atienda, CHICAAA (importante aquí
la entonación) el CHICO aquí quiere un celular, maricaaa lo puedes atender? Que
allá afuera me está esperando Yoiner en la moto que parece que tienen un peo
con mi primo y le voy a decir que se vaya para casa de mi madrina porque si no
le van a dar chuleta, después te cuentro”
Siempre, después de escuchar una conversación de este tipo
pienso en mi abuelo que, como la mayoría de las personas de su época, era un
individuo de correcto hablar y mejor vestir, y lo visualizo encogiendo sus
hombros y preguntándose: “Qué JERGA es esta”
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