viernes, 8 de febrero de 2013

QUE JERGA.


Que Jerga.

Estamos rodeados, unos nos rehusamos a rendirnos pero la batalla parece perdida. Los malandros nos han superado en número y manejan al país, desde el Alto Gobierno hasta su casa…

Para efectos de su comprensión, en las próximas líneas me referiré a los malandros como ELLOS; así mismo, y con la certeza de que quienes tienen a bien leer mis pendejadas pseudofilosóficas pertenecen a esa raza en extinción distinta a ELLOS, procederé a llamarnos NOSOTROS.

Venezuela, con sus honrosas excepciones, se ha convertido en un país de malandros. Para quienes nos son venezolanos y leen estas líneas, ELLOS son esos individuos (hombre o mujer) que, al no haber aprendido una manera adecuada de hacer las cosas (Hablar, caminar, trabajar, escribir, tratar a las personas, etc) lo hacen a su manera, que suele ser una manera equivocada y desagradable. Nuestra desgracia como país  radica en que la tasa de reproducción de ELLOS, con respecto a la de NOSOTROS va en una relación de 5 a 1 es decir: Por cada carajito (bonito o no) que, luego de varios análisis, proyecciones financieras, reposos pre y post natal, etc NOSTROS traemos al mundo; ELLOS traen cinco. Sin saber ni qué carajo les van a dar en la vida aparte de cogotazos…

Existen varias formas de reconocer a un malandro. Si bien hay un grupo de ELLOS que por afinidades políticas o negocios turbios (o ambos en la mayoría de los casos) han logrado amasar grandes fortunas que les permiten vestirse mejor que la realeza, siempre sale a relucir aquel viejo refrán de abuela: “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”. Pero pasaremos a describir al malandro de a pié, ese que vemos a diario en cada esquina; en cada moto; en cada mostrador…

Su vestimenta suele estar conformada por unos jeans rojos de bota estrecha (hay que ser malandro para comprar unos jeans rojos) con un peine en el bolsillo trasero; una guardacamisa blanca; unos zapatos NIKE “Joldan”; una gorra de medio lado y unos lentes oscuros de montura blanca (si el vidrio de los lentes es de estilo persiana con rayas blancas intercaladas, corra por su vida…) Como accesorio indispensable: Un bolso de tira larga cruzado desde el hombro izquierdo hasta el costado derecho de su cadera.

Otro factor determinante para  reconocer a un malandro es su forma de desplazarse, bien sea a pié o en moto, ELLOS tienen un estilo particular de trasladarse de un lugar a otro, a saber: Cuando un malandro camina, lo hace como si hubiese nacido con una pierna más larga que la otra o como si caminaran con un pié en la acera y otro en la calle; los brazos tienen un vaivén exagerado (como si se sacudieran moscas del culo mientras caminan) y la cabeza tiene el reflejo de voltear casi 180 grados cada cinco pasos  para ver si los están siguiendo. Si se desplazan en moto (cosa que se ha convertido en la plaga venezolana de los últimos tiempos) siempre llevan un hombro más alto que el otro y, casi por reflejo, sueltan la mano izquierda del manubrio de la moto (a la velocidad en que un camaleón saca la lengua para cazar un insecto) para levantarla e insultarnos en un movimiento rítmico acompañado de la distintiva palabra de insulto favorita de los motorizados malandros: “Magueebooooo!”

De todos los aspectos distintivos que los diferencian a ELLOS de NOSOTROS, el más resaltante es LA JERGA. Si bien es cierto que el idioma es un elemento dinámico de la comunicación, es decir, se va adaptando a los cambios de las sociedades a las que pertenece, en Venezuela, y más específicamente en Caracas, ha ocurrido un proceso de deformación del lenguaje que lo hace casi inentendible para la mayoría de NOSOTROS. La JERGA de los malandros se ha apoderado de todos los espacios de la sociedad y NOSOTROS nos vemos sometidos a ella a diario.

Atrás quedó el tiempo en que nos recibían diciendo: “Buenas tardes señor, en qué puedo ayudarlo?” No importa si es en un ministerio público o en una tienda exclusiva de ropa, no va a faltar un empleado que nos reciba diciendo “Dime amolll, si necesitas algo cualquiera cosa estoy por alla” (es importante, para poder visualizar mejor el escenario, que se repita lo leído con un tono nasal y sustituyendo rigurosamente las “L” por “R” y viceversa. Por ejemplo: Cuarquiera, en lugar de Cualquiera)

Cuando ELLOS son muy malandros las conversaciones las hacen en dialecto: “Pasó el mío? Ya yo hable con el Yoiner ya,  pa que le diga a Nairobi que le diga al maguebo ese que no sea bruja, que si sigue con la gueboná voy a sacá la gaga y le voy a da chuleta, oiiiijjteee?” Que precariamente traducido quiere decir: “Hola amigo, yo hablé con Yoiner para que le dijera a Nairobi (Son nombres malandreos y no tienen traducción) que hable con su primo y que no siga con su actitud, que si persiste en ella voy a tener que desenfundar mi arma y acabar con su vida, de acuerdo?”

La más reciente inclusión en la JERGA malandra es la palabra CHICO/CHICA. Resulta complicado explicar la forma en la que es usada una palabra que, siendo común para cualquier latinoamericano, ELLOS han logrado que resulte malandra. Para ello pondré el siguiente ejemplo de entonación: Recuerdan cuando vivían en casa de sus padres y le iban a pedir un vaso de agua a su mamá?: “Mammmaaa?, ella responde: “Queee?” “Me traes un vaso de aguaaa?” “Tu si jodes” “Fria”. Bueno, la entonación de ese “Mammaaa” es la misma que ELLOS usan para decir CHICOOO y la usan más o menos así: “Dime CHICO, en que puedo ayudarte?” uno respira profundamente y responde “Vengo a comprar un celular” “Okei, te voy a pasar con la CHICA de ventas para que te atienda, CHICAAA (importante aquí la entonación) el CHICO aquí quiere un celular, maricaaa lo puedes atender? Que allá afuera me está esperando Yoiner en la moto que parece que tienen un peo con mi primo y le voy a decir que se vaya para casa de mi madrina porque si no le van a dar chuleta, después te cuentro”


Siempre, después de escuchar una conversación de este tipo pienso en mi abuelo que, como la mayoría de las personas de su época, era un individuo de correcto hablar y mejor vestir, y lo visualizo encogiendo sus hombros y preguntándose: “Qué JERGA es esta”