lunes, 3 de octubre de 2016

TRIQUI TRAQUI


TRIQUI TRAQUI.



Caracas, 31 de octubre de 2016.


6:30 AM. Sale mi hija de su cuarto y me pregunta: ¿Papiii, me puedo poner el vestido de las princesas que me regaló mi tío?

¡No!

¿Pero por quéeee?

En primer lugar, porque ya no te queda y en segundo lugar porque es una fiesta de Halloween. Aunque viéndolo bien… con ese vestido ya pareces una princesa, pero de la Libertador y da un poquito de miedo…

Quéee? No te entiendo papi.

Nada mi amor, ponte el de brujita que te compré, que ese te queda mejor.

¡Pero es que yo quiero ponerme el vestido de princesas que me regaló mi tíooooo!

¡Coño Adriana ponte lo que te dé la gana! Pero apúrate que vas a llegar tarde al colegio.



Caracas, 31 de octubre de 2015 (un año antes)

6:20 PM.  Suena el timbre de la puerta insistentemente y yo, ante la falta de costumbre, respondo intrigado: “Quieeeén?” al otro lado de la puerta escucho una voz infantil que dice en un tono algo nasal: “Triquitraqui” – “Quieeeeeén?”, respondo yo, ya algo preocupado; al asomarme por el ojo mágico solo puedo ver una sombra oscura hacia la parte baja de la puerta y decido, tras percatarme que la reja se encontraba cerrada, abrir la puerta para ver de qué se trataba. Fue allí cuando todo cobró “sentido”: Del otro lado de la reja se encontraba un carajito vestido de Batman, con una cesta plástica en forma de calabaza, que me repitió la palabra que se había aprendido para ese día “TRIQUITRAQUI”.

Como yo estaba algo molesto porque me había interrumpido un programa de televisión, murmuré, tal vez en voz alta…:” ¡Muchacho pajúo, Batman no sale en Halloween!” Y entré a buscarle un paquete de galletas María pues, ante la falta de costumbre, no había tomado la previsión de comprar caramelos para los carajitos en noche de brujas.



7:15 PM. Suena el timbre de la puerta insistentemente y refunfuño entre dientes: “Estos carajitos de mierdaaa no me van a dejar ver televisión hoy”, antes de preguntar quién era, entré a la cocina y busqué otro paquete de galletas María, luego me paré frente a la puerta y pregunté con desgano: “Quiénnn? Al otro lado de la puerta escucho una voz adulta que dice en tono algo nasal…: “Es Carlos, tu vecino del doce” –  “Quiéeen?”, respondo yo ya algo preocupado…; al asomarme por el ojo mágico veo a un vecino como de mi edad que solía encontrarme con su hijo en el ascensor por las mañanas cuando llevaba los niños al colegio, y al que siempre saludaba con un somnoliento “Epa”, y del que, a su vez, siempre recibía la misma palabra por respuesta.

Al abrir la puerta, tal vez por reflejo, mi saludo fue el de siempre “Epa” ahora en tono de asombro; pero esta vez su respuesta fue más larga: “Epa, Chamo tú le dijiste pajúo a mi hijo?” – “A quiéeen?” Pregunté intrigado –  “Pana, Carlitos me dijo que le habías dicho pajúo” – “Coño a Batman? Pensé que no me había escuchado pana, perdóoonnn. Es que estaba viendo un juego de tenis y… me salió el carajito vestido de Batman en Halloween, diciendo TRIQUITRAQUI” – “Coño si pana, ese disfraz de mierda no se lo quiere quitar ni para bañarse, ya parece un acosador de carajitos, y mira que le expliqué que la vaina era Trick or treat, jejejej” – “Jajajaja, así anda la mía con un disfraz de las princesas que le regaló mi hermano y ya le está quedando pequeño. Pana disculpa de verdad, ¿quieres pasar? Te invito un  Whiskisito?” – “Bueno, qué carajo… uno por el enojo… ejeje”



11:45 PM. Suene el timbre de la puerta insistentemente y le bajo el volumen a la música, me paro frente a la puerta y, haciendo un esfuerzo para ocultar mi tono etílico, pregunto: “Quiéenn?” Del otro lado de la puerta escucho una voz femenina adulta que dice en tono algo nasal y molesta: “Soy yo, Rosa. Tu vecina del doce… ¿Carlos está ahí?” Al abrir la puerta me encuentro con una muchacha como de la edad de mi esposa, a quien solía encontrarme en el ascensor y que solía saludarme con un afectuoso “Buenos días” y a quien yo solía devolver el saludo con el mismo afecto.

Al percatarme del problema que se avecinaba, no tuve una mejor idea que saludar con afecto: “Buenos días” y esbozar mi sonrisa que tan buenos resultados solía aportarme; pero de su parte solo recibí una mirada condenatoria y un solo comentario “Son casi las doce de la noche, ¿me llamas a Carlos?”



Caracas 31 de octubre de 2016.



7: 15 AM. Salgo por fin de la casa y estoy listo para llevar a los niños al colegio a su fiesta de Halloween. Se abre la puerta del ascensor y me encuentro con Carlos, el vecino del doce… y lo saludo como lo vengo saludando desde hace un año: “Epa pajúo” – “¿Que pasó pajúo, todo bien?” me respondió como me viene respondiendo desde hace un año – “Aquí, saliendo tarde para el colegio”-  “Coño sí, que peo!”- “Otra vez de Batman Carlitos?” Le pregunté al niño mientras le guiñaba un ojo, a lo que el niño respondió sacándome la lengua y el papá respondió: “Tranquilo, el año que viene te lo regalo para Ignacio. Por cierto, a ver si le compras un disfraz nuevo a Adriana, que ya se parece a la vecina del dos… jajaja” –  “Jajajajaja, pendiente de un ronsito esta noche? Mira que el precio del Whisky está de espanto” - - “Si va!”

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