DIVAGANCIAS DE PANDEMIA.
“¿En qué télmino quiele su mulciélago?” – Preguntó el
mesonero-
“Télmino medio, no me lo vaya a pasal que el mulciélago
pasao eh muy maluco” – Respondió chinito hijo de su grandísima puta, sin saber
que estaba a punto de destapar la caja de pandora-.
Y así fue, este chino, que
prefirió comer sopa de murciélago (no se me ocurre nada más tóxico que una sopa
de murciélago aunque he conocido varias mujeres que le llegan cerca) en vez de
pollo a la plancha con arroz y vegetales salteados, despertó, tal vez sin
proponérselo, nuestras más variadas neurosis; nuestros más bajos instintos y
nuestros más absurdos comportamientos. Yo presentía que la vaina iba a ser
complicada pero en lo que vi que la primera reacción de la gente fue comprar
papel toilette, entendí que esto iba a ser una cagada.
El comportamiento del virus en
los distintos países refleja, como un espejo, el carácter de sus sociedades.
Los asiáticos, siempre caracterizados por su disciplina, lograron contener el
virus de manera eficaz mediante un distanciamiento social radical. Los europeos,
junto con los Estados Unidos, han sido el epicentro del virus en el mundo pero
por razones muy distintas; mientras en Estados unidos la cultura de trabajo
está tan arraigada que los ciudadanos prefirieron morir de COVID que de hambre,
los europeos prefieren la muerte a dejar de socializar. Los españoles, por
ejemplo, se habían convertido en la crónica de una muerte anunciada; un amigo
gallego me dijo al principio de la pandemia: “Como esta mierda se riegue por
España, te los vas a encontrar muertos en una terraza con una cañita en una
mano y un montadito en la otra”
En Venezuela no podía ser de otra
manera, el virus ha reflejado nuestra idiosincrasia en todo su esplendor.
Tuvimos un confinamiento radical cuando había diez casos en todo el país y un
desconfinamiento relajado cuando los casos iban en aumento. Nuestra primera
reacción fue creer, producto de nuestro eterno voluntarismo, que nosotros íbamos
a ser el único país en la bolita del mundo al que el virus no iba a llegar; después
de todo José Gregorio Hernández era venezolano y a nosotros nos vacunaron
contra la malaria… Cuando los casos comenzaron a aumentar estábamos encerrados;
recuerdo haber dicho al quinto día “Yo no aguanto estar encerrado tanto tiempo,
ojalá este mes pase rápido…” Con el pasar de los días escuchábamos el “parte de
guerra” que se ofrecía por la radio y por redes sociales, cada día había más
casos pero nadie conocía a otra persona que se hubiese contagiado, por ello, se
comenzó a regar la primera de las miles de teorías cosnpirativas: Esto es un
invento de los comunistas para encerrar a la gente en sus casas mientras nos
echan una vaina (¿Qué? No sé, pero alguna vaina estaban tramando porque de los
comunistas se puede esperar de todo) Pasamos por teorías extraterrestres,
económicas, políticas y un largo etc. Incluso hay quienes afirman que el virus sencillamente
no existe, que es una gripe más y que no hay que prestarle mayor atención.
Mi hermano, que es un conspiranóico empedernido, ha pasado
por todos esas teorías y seguramente tendrá otras de las que no habla para que
no lo escuchen los departamentos de inteligencia del planeta, todos muy
pendientes de lo que dice o escribe en Facebook… Yo, desde luego, tengo mi teoría, si deciden
seguir leyendo, esta revelación los va a perseguir a todas partes sin dejarlos
en paz, ¿listos? Voy: Los chinos son extraterrestres. Sí, ahorita se están riendo
pero poco a poco comienzan a pensar en muchos detalles que siempre estuvieron a
la vista y no queríamos ver, díganme, por ejemplo, ¿Qué tal estuvo el funeral
del chino en el que estuvieron el otro día? ¿Recuerdan aquel chino calvo que
contaba chistes? ¿Recuerdan el chino gordo que vivía cerca de su casa? ¿Cómo se
puede explicar que la cerveza en los restaurantes chinos siempre esté helada?
¡Esos carajos son extraterrestres! Se comen todo lo que se mueva, fuman como…
chinos y no se mueren. Son, junto con los gatos, una colonia de extraterrestres
que vinieron a dominar la tierra.
Sin embargo no todo ha sido malo; una de las consecuencias
de la pandemia ha sido la búsqueda de ocupación de los desocupados, es decir,
los que de alguna manera hemos estado (Por voluntad propia o por imposición)
encerrados en casa, hemos encontrado mil oficios para ocupar el tiempo. Ya
hicimos pan, sembramos pimentones, montamos bicicleta, hicimos ejercicios en
casa, estudiamos otro idioma, dejamos de hacer todo lo anterior, volvimos a
empezar, prometimos que íbamos a leer ese libro que no habíamos leído por falta
de tiempo y que, con todo el tiempo del mundo, tampoco hemos leído, prometimos
ordenar los closets, empezamos con uno y los demás quedaron para la próxima
pandemia, retomamos algún instrumento musical olvidado (El cabrón de mi vecino
retomó la batería), hemos pasado más tiempo con los engendros de nuestros hijos…
Mis hijos se han ido convirtiendo, poco a poco, en cavernícolas; ya no usan
zapatos, ven las clases online vestidos de la cintura para arriba y en ropa
interior por debajo de la pantalla y comen más que un sabañón drogado. Si por
casualidad salimos en familia, hay que darles un lepe para que saluden porque
ya perdieron la costumbre y cuando llegamos a la casa están tan abrumados de
ver gente que no pueden dormir y gritan como desquiciados.
Aunque esta pandemia pareciera retroceder solo para tomar impulso, y los seres humanos hemos demostrado tener muy poco sentido común a la hora de enfrentarla, yo siempre tengo mi esperanza en una minoría de personas que terminarán salvando de su idiotez a la mayoría. Los médicos, enfermeros y científicos han demostrado ser una raza superior. Su juramento de salvar vidas ha quedado más que demostrado en la práctica incluso a costa de sus propias vidas. Mientras ellos pasan horas y días batallando hasta el agobio, embutidos en sofocantes trajes y viendo caer a diario compañeros de trabajo; nosotros aprovechamos cada oportunidad que se nos presenta para hacer una fiesta y reunirnos. Ellos serán quienes, al final, caminen con la frente en alto; dejando claro que, mientras un “Youtuber” o un “Influencer” acumula millones de “Likes” haciendo payasadas en las redes sociales, ellos siguen siendo indispensables para la humanidad.
Cuando esto pase (Porque todo pasa, menos las bolas…) tendremos
una gran anécdota. Algunos habremos aprendido el valor de la amistad y de la
familia, del contacto con la gente; la necesidad de sonreír y ver sonreír a los
demás. Otros, sin embargo, la mayoría, seguirán siendo la misma vaina que nos
trajo hasta acá; viviremos a la expectativa de lo que coman los chinos y, poco
a poco, iremos olvidando lo ocurrido, hasta la próxima pandemia…
“Lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que
desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso”
Albert Camus.
Dedicado, con cariño, al Dr. Julio Milanés, con quien comparto esa dualidad de amor y desprecio por las personas. Es un gran médico que siempre que salva a alguien le deja muy claro que hay que salvarlo por comemierda.