El final del mundo.
En los últimos años se ha hablado mucho del final del mundo, tal vez por el panorama caótico que vemos a diario en los noticieros, y por algunas predicciones que se hicieron en la antigüedad, pareciera que vamos en la bajada de una montaña rusa y lo que nos espera al final es una pared.
Hay gente verdaderamente preocupada por el tema, no viven pensando que se les va a acabar la vida y sufren de ataques de pánico cada vez que escuchan un trueno o ven el día muy nublado. Hace no más de una semana escuche a una señora decirle a otra la siguiente frase: “Ayy mijita, este cielo esta como muy anaranjado, yo te digo algo… para mí que estos INCAS tenían razón… el mundo como que se va a acabar este año” Yo, intuitivamente, volteé hacia la señora y le dije: “Los Mayas señora” Ella me apartó la mirada con desprecio y mientras encendía un cigarrillo siguió su camino. No sé realmente si supo de qué le intenté hablar, pero me hizo reflexionar sobre el tema.
Supongamos que los Mayas tienen razón y nos espera un cataclismo durante este año. Generalmente la angustia de la muerte va relacionada al sufrimiento y la supervivencia de los familiares que quedan. Uno piensa en el sufrimiento de sus hijos, su viuda, etc. Algunos visualizan su funeral y lo idealizan en función de su visión de sí mismos: Su esposa llorando desgarradoramente mientras es consolada por tus mil cuatrocientos amigos que asistieron al funeral y que difícilmente podrán vivir la vida de la misma manera en tu ausencia… Tú siempre estás viendo esa escena desde un plano superior; con un movimiento de cabeza, similar al de un perro cuando se sacude, vuelves a la realidad y te ocupas de tu vida hasta que toque pensar de nuevo en tu muerte.
Pero en el caso de EL FIN DEL MUNDO no va a haber nadie llorando ni sufriendo tu ausencia; se acabó el mundo compadre! Todos nos vamos, nadie te va a recordar con cariño ni rencor; fin del cuento. Sólo te queda tu balance personal: Si viviste la vida debes sonreír cuando veas el inmenso meteorito acercándose a la tierra. Si pasaste más tiempo ocupado de la vida de los demás, respira profundamente y reconoce que fuiste un pendejo. Y si tu vida la invertiste en hacerles daño a los demás, entonces abre los brazos, porque ese meteorito es para ti.
Yo, la verdad, no creo que se acabe el mundo en un solo evento. Simplemente se nos está haciendo pequeño y se nos va a ir acabando poco a poco. Mi optimismo (que en ocasiones roza el absurdo) me dice que el futuro, debido a la masificación y universalización de la gente útil y verdaderamente inteligente (Entendamos por inteligente a alguien que crea un dispositivo para que haya más agua en África y no más armas en Estados Unidos) va a ser menos convulso y contaminado que nuestro presente.
Por lo pronto les sugiero algo, en caso de que un meteorito se antoje de darle la razón a nuestros ancestros, viva la vida! Así de simple; ame a su familia, cumpla sus sueños (o por lo menos tenga sueños e intente cumplirlos) Que cuando llegue el final, como quiera que éste sea, la muerte no lo encuentre muerto. No malgaste su vida ocupándose negativamente de la vida de los demás; no espere momentos especiales para ser feliz; hable cordialmente con desconocidos (Quién sabe, pueden llegar a ser amigos) En fin viva, eso sí, sin andar jodiendo a nadie. Así cuando llegue el final de sus días la gente se preguntará “Tu no lo vez como sonriente?”
En justo homenaje a Mi suegro y pana Luis Lisandro Lattuf, quien supo vivir la vida y hacer de la amistad un valor atesorable; de la sonrisa una llave y del amor a sus hijos un testimonio. (y a quien noté con una sonrisita al momento de su partida…)
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