Ser padre es…
En la actualidad uno podría encontrar estanterías completas en las librerías dedicadas a la enseñanza de ser padre. Debe ser un negocio que genera mucho dinero, puesto que la primera inquietud que se tiene al saber que se va a ser padre (o madre) es que uno no sabe nada de eso, uno siempre ha sido hijo, así que la mejor manera de aprender algo es leyendo; después de todo así aprendimos matemáticas e historia, debe funcionar…
Obviamente existe también el apoyo de Internet, pero durante esos nueve meses que dura el embarazo uno llega a una conclusión fundamental, y por la cual hasta la persona que nunca ha leído ni las páginas de deporte de los periódicos termina, al menos, ojeando un libro de auto-ayuda para padres primerizos, esta conclusión es la siguiente: “No, mejor compro el libro ese, no vaya a ser que este tipo esté pelado y termino yo poniendo la torta, además no es un microondas, es mi hijo” y es así como termina uno comprando y leyendo durante nueve meses, libros que van desde “Que esperar cuando se está esperando” a “Padres desde la A hasta la Z”.
Llega el día de ser padres y uno sale (como hemos visto en las películas, que son nuestra única referencia) a toda velocidad a la clínica porque el bebé va a nacer en cualquier momento, Dios quiera que no nos agarre una cola porque tendrá que venir una bombero a traer a nuestra hija al mundo y tendremos que ponerle su nombre (como hemos visto en las películas, que son nuestra única referencia…) : Yumirleydi Hernández, “nooo, apúrate que tiene que ser en la clínica, correeee, pero por qué te tienes que meter a bañar coño? Has tenido nueve meses para eso. Epa, epa, el coleto no Laryssa. Bueno que nazca en el tobo entonces! yo me acuesto otra vez y cuando termines de limpiar me avisas”
Después de cinco horas de parto (y muchos tienen los riñones de decir que fue poco) nace la bebé. A los padres, o al menos a mí, el mundo se me puso en “Mute” cuando mi hija lloró por primera vez fue lo único que escuché en ese momento, todo lo demás simplemente se apagó y comencé a sentir algo nuevo, es un sentimiento que solo entienden los padres, y quien no lo es, cree entenderlo pero no tiene ni la más mínima idea de lo que representa. Comienzan a llegar las visitas y uno nota una escalofriante risita de aquellos que han sido padres recientemente, es como si con ella te dijeran “Espero que hayas dormido bien hasta ahora y que tengas una mesa descuadrada para que le pongas en las patas los libros esos que estuviste leyendo como un bolsa por nueve meses” Porque ciertamente no existe un manual para ser padres, lamentablemente los niños no vienen con instrucciones ni con botones de “pausa y play” (créanme, yo se los he buscado, no hay) uno tiene que comenzar a recurrir a sus instintos y a los consejos de sus padres, con quienes se desarrolla también una relación distinta, a partir del momento en que nos convertimos en padres comenzamos a ver a nuestros padres con otros ojos, somos casi colegas…
Todo lo que creíamos que le íbamos a enseñar a nuestros hijos termina siendo una lección para nosotros también, porque en el proceso de ser padres los niños se educan mientras los padres aprenden. Comenzamos a visualizar a nuestros hijos como quisiéramos que fueran en el futuro, pero ya a estas alturas se sabe que lo mejor que se les puede ofrecer son valores para que decida, de la mejor manera posible, qué quiere ser y cómo lo va a lograr; procurando enseñarles que el norte es la felicidad y todo lo que vaya en contra de eso es el camino equivocado. Los hijos son por esencia una academia de paciencia, no todo es siempre como uno quisiera y en ocasiones nos desesperamos, pero pronto entendemos que tenemos que convivir con ellos sin pretender vivir sus vidas o que ellos repitan las nuestras, son como el post grado que nos pone la vida para terminar de recorrer el camino.
Intentar definir lo que es ser padre es un poco complicado porque tiene mucho de subjetivo, y se termina describiendo lo que para uno quiere decir ser padre, sin embargo creo interpretar bien a la mayoría de los padres con el siguiente ejemplo:
Si tu hijo se encuentra en una sala de terapia intensiva, sin tu saber qué está pasando, seguramente harás lo mismo que yo, voltearás al cielo y harás un trueque desde lo más profundo de tu alma: “Este es el trato Chuchito, párteme el corazón en mil pedazos y sácame a esa carajita de ahí, con eso quedamos pagos”
Con cariño a mi hija y a los que estén por venir, a quienes les pertenece cada latido de mi corazón, desde ahora hasta el último.
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