martes, 11 de octubre de 2011

El matrimonio es...

El Matrimonio es…
Si alguno de ustedes se viese ante un ligero ataque de insomnio y por pura curiosidad buscase en Google la frase “El matrimonio es”, encontraría definiciones del siguiente tenor:
El matrimonio es el proceso químico por el que se transforma la media naranja en medio limón.
El matrimonio pone fin a muchas locuras cortas con una larga estupidez.
El matrimonio es una situación en la que ninguna mujer obtiene lo que esperaba y ningún hombre espera lo que obtiene.
Nadie puede decir que el matrimonio sea fácil, esencialmente es entregar parte de tus libertades y convivir para siempre con una persona que hasta hace pocos años ni conocías; adaptarte a sus costumbres, aceptar sus defectos y adoptar su familia.
Yo, por ejemplo, asumiendo los miles de defectos que pueda tener y comprendiendo que mis esposa se ha tenido que adaptar a muchos de ellos ( no siempre con buena cara) he asumido algunas de sus costumbres (no me atrevería a llamarlos defectos) para mantener la armonía de mi hogar. A saber:
Por su obsesión con el orden y la limpieza, mis esposa es perfectamente capaz de tender la cama conmigo  todavía durmiendo en ella; capaz de prender la aspiradora y pasarla frente al televisor en el noveno inning de una final Caracas – Magallanes  o darse cuenta que hay una mancha en el techo cuando… bueno, darse cuenta que hay una mancha en el techo.
Como todas las esposas del mundo ella puede entablar una conversación justo en el momento en que van a atrapar al asesino en CSI o pedirme un Domingo (día en que ningún hombre del planeta está programado para nada que no sea ver televisión) que vayamos al cumpleaños de la vecina de la hermana de un tío político de la abuela.
Sin embargo esas costumbres son, al ponerlas en la balanza, muy inferiores a sus virtudes (y esto no tiene nada que ver con que sea ella la primera persona en leer lo que escribo) y de eso se trata el matrimonio. Lo primero que uno tiene que asumir al aceptar la vida en pareja es que la felicidad tiene que ser un objetivo y un camino, con la paradoja de que es unipersonal, es decir, si una persona lo desea te puede hacer profundamente infeliz. Pero, aunque ponga su mayor esfuerzo, si tú no estás dispuesto nadie podrá hacerte feliz, porque la felicidad no se delga, se ejerce.
Si yo tuviera que definir el matrimonio, diría que es un juego parecido al de tirar de la cuerda, con la diferencia que en este juego cuando uno gana todos pierden; el objetivo es mantener la cuerda tensa, unas veces más hacia un lado que de otro, pero siempre firme, porque en el momento que la cuerda se va totalmente hacia un lado no hay ganador.
Por último, y disculpen mi complejo de Dr. Phil, les dejo una pregunta reflexiva que creo que le pertenece a un tío muy sabio: Cuando se vean en una discusión en la que ambas partes quieran tener la razón, pregúntense qué prefieren, ser feliz o tener la razón. Yo trato siempre de ser feliz.

NOTA: El tío al que hago referencia se ha casado tres veces, dos con la misma mujer y en determinado momento estuvo casado con dos de ellas al mismo tiempo (por lo que se le quiso acusar de poligamia) y con todo y eso se le ve feliz. La nota la hago porque lo que me resulta sabio de él son sus reflexiones no sus actos. Quién puede casarse tantas veces y pretender ser sabio?

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