jueves, 6 de octubre de 2011

El vino es como las mujeres.

Hoy en día todos queremos ser Chef. Tal vez sea como consecuencia de los Canales de cocina que se han ido adoptando términos y actitudes propias del mundo culinario. Así pues ya nadie pica una cebolla en cuadritos chirriquiticos, como se hacia antes, sino que la pica en Brunoise; ya nadie dora un pedazo de carne sino que lo sella y nadie sirve la comida sino que emplata.
Esa tendencia a llamar las cosas por su nombre en la cocina y a decorar los platos como si fuesen a ser servidos para la nobleza no tendría nada de negativo de no ser por un grupo de individuos que, además de demostrar sus conocimientos culinarios, quieren demostrar sus conocimientos en el subjetivo y muchas veces fantasioso mundo de la enología, convirtiéndose así ( a mi humilde criterio) en lo que en la bella isla de Cuba llamarían UN COMEMIERDA!
Si bien es justo reconocer que efectivamente hay gente que puede saber ciertos aspectos que convierten a algunos vinos en vinos buenos o malos, o saber las diferencias esenciales que distinguen a unos de otros, el noventa por ciento de las persona que hablan de vinos lo hacen desde una trinchera muy subjetiva que le da a su discurso un toque de erudición que resulta insoportable para nosotros, los simples mortales que compramos vino para disfrutarlo y, si es posible, rascarnos y hablar paja del gobierno.


Paso a describir el accionar de uno de estos individuos cuando toca desplegar todo su comemierdismo vinícola:



Paso 1: No importa que su visión sea 20:20, debe agarrar la botella de vino metiéndole el dedo gordo por la cavidad del fondo de la botella y ponerla a altura del ombligo ( como si sufriera de presbicia) y con cara de bolsa leer la etiqueta.



Paso 2: Si bien todos sabemos que lo que va a determinar cual botella va a comprar nuestro comemierda es el precio de la misma (un precio medio va muy bien con su estilo, pues nadie le va a creer que encuentra cualidades en un vino barato) hace un recorrido por toda la bodega, agarrando incluso botellas que ni en sus mayores fantasías podría comprar.



Paso 3: Compra la botella con la mejor relación precio calidad (aplausos para el comemierda)



Paso 4: Llega a la reunión a la que fue invitado agarrando la botella solo con el dedo gordo metido en el fondo de la botella, asustado de que no se le vaya a caer y buscando una nevera para TEMPERARLO...



Paso 5: Luego de un rato le pide al anfitrión un sacacorchos y comienza a hacer alarde de sus conocimientos
        5.1 Sacar el corcho preferiblemente con un sacacorchos profesional ( no importa que con el otro sea mas fácil)
        5.2 Oler el corcho y buscar en su memoria (siempre con cara de bolsa) algún olor particular.


Paso 6: Sirve una pequeña cantidad de vino en una copa y, después de darle varias vueltas y olerla una y otra vez, procede a tomar un sorbo, haciendo una larga pausa para aumentar el dramatismo.



Paso 7: Hace un comentario pendejo sobre el vino llamando la uva por su nombre: "Este Merlot deja en boca un sabor afrutado (como si pudiera dejarlo en otro lado que no fuera la boca) Se nota la barrica de roble y se le pueden sentir frutas silvestres como el arándano y el mamón del Mediterráneo"



Ahí es donde viene mi arrechera!, yo necesito que alguien me explique como es que a una bebida que se hace con uvas, y que no lleva en su preparación nada mas que uvas, se le puede encontrar tantos sabores a frutas tan distintas. Yo he visto personas que son capaces de encontrar sabores absurdos en una copa de vino: Tabaco, cenizas, frutas rojas, rábanos y hasta tierra; para un aprendiz de enólogo no hay limites en su paladar o su nariz (y menos en su estupidez).



Por ultimo les dejo una irreflexión de un amigo profesor de coctelería: Los vinos son como las mujeres; el mejor vino es el que mas te guste; te puede gustar un vino económico o uno costoso, pero hay vinos, como hay mujeres, que simplemente son inaccesibles para el común de los mortales, esos siempre son buenos.



Salud!

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