miércoles, 14 de septiembre de 2011

El cuento del gallo pelón


Después de varios días sin poder dormir por escuchar un gallo a las 4 y 30 de la mañana (juro por mi madre que se escuchaba como si estuviera debajo de mi cama) y por la ansiedad de saber que iba a despertarme a esa hora, decidí, haciendo caso omiso a mis amigos  que me recomendaban que matara al gallo a traición, redactar una carta y entregarse al dueño.
Carta:
Estimado vecino:

No es mi costumbre inmiscuirme en la vida, formas de ser o actuar de las demás personas, menos aún si esas personas son mis vecinos. Tengo como regla general vivir mi vida y dejar que los demás hagan lo mismo con la suya, muy pocas cosas pueden quitarme el sueño cuando se trata de el proceder de las demás personas,  sin embargo existe un proceder suyo que, literalmente, me logra quitar el sueño y no es otro que criar un gallo en su casa de Alto Prado, el animalito en cuestión no hace otra cosa que lo que le indica su instinto, por lo que no podríamos criticar al gallo. Ahora bien, vale la pena preguntarnos si es natural tener un gallo en una casa de una urbanización en la que, con suerte, habrá una pared de separación entre cada casa, un gallo que se despierta a las 4:30 de la mañana a hacer, repito, lo que le dicta su instinto, quitándome una hora y quince minutos de mi sueño y casi absolutamente mi buen humor y mis ganas de vivir en sociedad.
Debo confesarle, con mucha vergüenza, que me he visto tentado a gritar por la ventana de mi cuarto una serie de improperios tanto al gallo como a su dueño, pero luego de unos minutos de reflexión he decidido actuar de manera civilizada y redactar estas líneas, para pedirle; suplicarle; implorarle, que por el amor a Dios y por  compasión a el resto de la gente que me encuentra de un humor de los mil demonios durante el día, por el bien de mi matrimonio que se ve afectado por mi falta de sueño y capacidad de diálogo, y en fin, por mi salud mental, le regale ese gallito a algún familiar que viva en un área menos poblada o bien  se decida a hacer una suculenta olleta de gallo (le anexo la receta)

Deseándole desde lo más profundo de mi corazón que se gane un Kino mil millonario para que pueda tener una gran finca con miles de gallos, se despide afectuosa pero adormecidamente.

Su vecino

Manuel Hernández
Qta Preludio
Calle 14
Desde esa noche no escuche más al gallo y una semana mas tarde recibí una carta.
Estimado vecino: en primer lugar seria incapaz de matar a Rene (el gallo) para comérmelo, pero me lo he llevado a un terrenito que tengo en Maracay. Supongo que el me lo agradece y se que usted también.
Queda cordialmente invitado a un hervido de gallina el próximo domingo.
Atentamente
Su vecina (la del gallo)

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