viernes, 8 de febrero de 2013

QUE JERGA.


Que Jerga.

Estamos rodeados, unos nos rehusamos a rendirnos pero la batalla parece perdida. Los malandros nos han superado en número y manejan al país, desde el Alto Gobierno hasta su casa…

Para efectos de su comprensión, en las próximas líneas me referiré a los malandros como ELLOS; así mismo, y con la certeza de que quienes tienen a bien leer mis pendejadas pseudofilosóficas pertenecen a esa raza en extinción distinta a ELLOS, procederé a llamarnos NOSOTROS.

Venezuela, con sus honrosas excepciones, se ha convertido en un país de malandros. Para quienes nos son venezolanos y leen estas líneas, ELLOS son esos individuos (hombre o mujer) que, al no haber aprendido una manera adecuada de hacer las cosas (Hablar, caminar, trabajar, escribir, tratar a las personas, etc) lo hacen a su manera, que suele ser una manera equivocada y desagradable. Nuestra desgracia como país  radica en que la tasa de reproducción de ELLOS, con respecto a la de NOSOTROS va en una relación de 5 a 1 es decir: Por cada carajito (bonito o no) que, luego de varios análisis, proyecciones financieras, reposos pre y post natal, etc NOSTROS traemos al mundo; ELLOS traen cinco. Sin saber ni qué carajo les van a dar en la vida aparte de cogotazos…

Existen varias formas de reconocer a un malandro. Si bien hay un grupo de ELLOS que por afinidades políticas o negocios turbios (o ambos en la mayoría de los casos) han logrado amasar grandes fortunas que les permiten vestirse mejor que la realeza, siempre sale a relucir aquel viejo refrán de abuela: “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”. Pero pasaremos a describir al malandro de a pié, ese que vemos a diario en cada esquina; en cada moto; en cada mostrador…

Su vestimenta suele estar conformada por unos jeans rojos de bota estrecha (hay que ser malandro para comprar unos jeans rojos) con un peine en el bolsillo trasero; una guardacamisa blanca; unos zapatos NIKE “Joldan”; una gorra de medio lado y unos lentes oscuros de montura blanca (si el vidrio de los lentes es de estilo persiana con rayas blancas intercaladas, corra por su vida…) Como accesorio indispensable: Un bolso de tira larga cruzado desde el hombro izquierdo hasta el costado derecho de su cadera.

Otro factor determinante para  reconocer a un malandro es su forma de desplazarse, bien sea a pié o en moto, ELLOS tienen un estilo particular de trasladarse de un lugar a otro, a saber: Cuando un malandro camina, lo hace como si hubiese nacido con una pierna más larga que la otra o como si caminaran con un pié en la acera y otro en la calle; los brazos tienen un vaivén exagerado (como si se sacudieran moscas del culo mientras caminan) y la cabeza tiene el reflejo de voltear casi 180 grados cada cinco pasos  para ver si los están siguiendo. Si se desplazan en moto (cosa que se ha convertido en la plaga venezolana de los últimos tiempos) siempre llevan un hombro más alto que el otro y, casi por reflejo, sueltan la mano izquierda del manubrio de la moto (a la velocidad en que un camaleón saca la lengua para cazar un insecto) para levantarla e insultarnos en un movimiento rítmico acompañado de la distintiva palabra de insulto favorita de los motorizados malandros: “Magueebooooo!”

De todos los aspectos distintivos que los diferencian a ELLOS de NOSOTROS, el más resaltante es LA JERGA. Si bien es cierto que el idioma es un elemento dinámico de la comunicación, es decir, se va adaptando a los cambios de las sociedades a las que pertenece, en Venezuela, y más específicamente en Caracas, ha ocurrido un proceso de deformación del lenguaje que lo hace casi inentendible para la mayoría de NOSOTROS. La JERGA de los malandros se ha apoderado de todos los espacios de la sociedad y NOSOTROS nos vemos sometidos a ella a diario.

Atrás quedó el tiempo en que nos recibían diciendo: “Buenas tardes señor, en qué puedo ayudarlo?” No importa si es en un ministerio público o en una tienda exclusiva de ropa, no va a faltar un empleado que nos reciba diciendo “Dime amolll, si necesitas algo cualquiera cosa estoy por alla” (es importante, para poder visualizar mejor el escenario, que se repita lo leído con un tono nasal y sustituyendo rigurosamente las “L” por “R” y viceversa. Por ejemplo: Cuarquiera, en lugar de Cualquiera)

Cuando ELLOS son muy malandros las conversaciones las hacen en dialecto: “Pasó el mío? Ya yo hable con el Yoiner ya,  pa que le diga a Nairobi que le diga al maguebo ese que no sea bruja, que si sigue con la gueboná voy a sacá la gaga y le voy a da chuleta, oiiiijjteee?” Que precariamente traducido quiere decir: “Hola amigo, yo hablé con Yoiner para que le dijera a Nairobi (Son nombres malandreos y no tienen traducción) que hable con su primo y que no siga con su actitud, que si persiste en ella voy a tener que desenfundar mi arma y acabar con su vida, de acuerdo?”

La más reciente inclusión en la JERGA malandra es la palabra CHICO/CHICA. Resulta complicado explicar la forma en la que es usada una palabra que, siendo común para cualquier latinoamericano, ELLOS han logrado que resulte malandra. Para ello pondré el siguiente ejemplo de entonación: Recuerdan cuando vivían en casa de sus padres y le iban a pedir un vaso de agua a su mamá?: “Mammmaaa?, ella responde: “Queee?” “Me traes un vaso de aguaaa?” “Tu si jodes” “Fria”. Bueno, la entonación de ese “Mammaaa” es la misma que ELLOS usan para decir CHICOOO y la usan más o menos así: “Dime CHICO, en que puedo ayudarte?” uno respira profundamente y responde “Vengo a comprar un celular” “Okei, te voy a pasar con la CHICA de ventas para que te atienda, CHICAAA (importante aquí la entonación) el CHICO aquí quiere un celular, maricaaa lo puedes atender? Que allá afuera me está esperando Yoiner en la moto que parece que tienen un peo con mi primo y le voy a decir que se vaya para casa de mi madrina porque si no le van a dar chuleta, después te cuentro”


Siempre, después de escuchar una conversación de este tipo pienso en mi abuelo que, como la mayoría de las personas de su época, era un individuo de correcto hablar y mejor vestir, y lo visualizo encogiendo sus hombros y preguntándose: “Qué JERGA es esta” 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

EL GUAYABO DE WALMART



El guayabo de Walmart

Para nosotros, los venezolanos, viajar implica todo un proceso previo que va mucho más allá del mero itinerario de viaje. Ese proceso es tan complejo que tienes que hacer una investigación cada vez que viajas porque es humanamente imposible recordarlo y nos ha llevado a convertirnos en unos burócratas del sistema cambiario internacional.
Resultaría inútil intentar explicar el proceso a cualquier ciudadano de otro país, ellos solo nos atienden y nos ven como despilfarradores sauditas capaces de comprar todo lo que se atraviese en nuestro camino. Sin embargo me limitaré a resumirlo más o menos así:

1) Intentas hacer el trámite por internet en la página de CADIVI.

2)  Llamas a alguien que acaba de hacerlo para que te explique.

3) Lo vuelves a intentar.

4) Mentas madre.

5) Vuelves a llamar al que llamaste antes.

6) Logras hacer la solicitud.

7) Apuestas un cojón a que no te va a dar tiempo y no te van a dar los dólares.

8) Pides LA CITA en el banco.

9) Intentas armar dos CARPETAS para llevarlas al banco (aquí se repiten los pasos 2; 3; 4; 5; y 7)

10) Llevas las carpetas al banco en la fecha indicada.

11) Te devuelven la carpeta porque te faltó un recaudo (se repiten pasos  2; 3 y 7)

12) Vuelves a llevar la carpeta con los recaudos y un CARRÉ al banco.

13) Prendes una vela y espera que te asignen los el CUPO DE VIAJERO Y LOS DÓLARES EN EFECTIVO

14) Te ASIGNAN los dólares y puedes dormir tranquilo.

Para el común de los venezolanos que ahorramos para poder irnos de vacaciones fuera del país al menos una vez al año; a olvidarnos de la inseguridad; HACER UNAS COMPRITAS y ponernos ese reloj y esa cadena que tenemos guardados durante todo el año en una gaveta, desde el mismo momento en que despega el avión comienza una metamorfosis que se materializa a la llegada al aeropuerto de destino (así sea este una escala) Nuestro cerebro se convierte en una calculadora que todo lo multiplica por  CUATRO TREINTA y, en general, nos convertimos en unos monstruos compradores compulsivos, capaces de arrasar con todo a nuestro paso.

Es inútil explicar esa metamorfosis a alguien no venezolano, incluso los venezolanos que tienen muchos años viviendo afuera  no logran entender muy bien lo que nos pasa y solo se limitan a llevarnos de compras y participar, como observadores, de la orgía consumista que protagonizamos. Aunque en el itinerario de viaje solo designamos unos pocos días de SHOPPING, la realidad es que el viaje entero es un juego en el que el objetivo es comprar la mayor cantidad de cosas con un monto determinado de dólares. El cupo en dólares es, para nosotros, de carácter intransferible. Aunque quienes viajamos en pareja nos enfrentamos comúnmente a la trampa de tener que pagar con nuestras TARJETAS porque, mágicamente, nuestras esposas sufren de incontinencia urinaria o estomacal al momento de pagar en las tiendas. Esto genera fuertes discusiones y frustraciones porque el presupuesto del viaje es limitado y definido: DOS MIL QUINIENTOS dólares en tarjetas de crédito y QUINIENTOS dólares en efectivo (el moto en efectivo se toca solo en caso de emergencia pues al verlos en físico el cerebro nos hace corto y lo deja de ver a 4.30 para verlos al cambio del MERCADO NEGRO O DÓLAR LIBRE)

Generalmente se hace una lista mental en la que se establecen, en orden de prioridad, las cosas que se necesitan, luego las que se quieren y por último las inútiles pero curiosas (mi mamá se trajo del último viaje una manito telescópica para rascarse la espalda, parecida a una antena de carro con cinco dedos…) Es así como una va comprando  desde ropa, luego pasa a comprar lentes de sol y juegos de Playstation, y termina comprando pinchos en forma de jojoticos para sostener los jojotos mientras se los come.

Bajo este criterio va transcurriendo el viaje, entre gastos superfluos y gastos necesarios (desde franelas hasta gasolina) hasta que llegamos al acto de cierre que tiene por escenario WALMART. Los venezolanos vemos a Walmart como la despedida de solteros, es ahí donde realizamos las compras finales y racionalizamos el fin del viaje. Suele ser una compra nocturna, mucha veces hasta de madrugada (lo que viene acompañado de la sentencia final: “Igualito que en Caracas”) y muy silenciosa, casi reflexiva. Por lo general cada quien toma por su lado pues dispone de sus últimos dólares para adquirir desde MILKYWAYS para la gente de la oficina hasta los artículos que desaparecieron de las estanterías venezolanas desde hace algún tiempo. En algún punto convergen en el pasillo de la ropa, se miran y saben que ese tipo de compras finalizó, es momento del LISTERINE o tal vez de algún cereal; es el momento de las compras serias, las que te recuerdan lo jodido que estás en tu país. Calculas el monto final de la compra y te aseguras de haber ESPALILLADO el cupo; pagas, regresas a la casa y te acuestas a dormir con un gran suspiro porque en pocas horas vuelves a la realidad; terminó la despedida de solteros. El reloj y la cadena de oro vuelven a la gaveta y todo, otra vez a la “normalidad”.



GLOSARIO:
1)      CADIVI: Órgano regulador de divisas en Venezuela que, entre sus atribuciones socialistas incoherentes, tiene por objetivo subsidiar el consumo de los viajeros venezolanos en el exterior, fomentando así la producción de otros países y fortaleciendo la economía en esos países.

2)      LA CITA: Fecha peligrosamente cercana al viaje en la que debes llevar los recaudos al banco para que haga la gestión ante CADIVI y poder saber si el Estado venezolano te va a subsidiar el viaje o lo vas a pagar a dólar libre.

3)      CARPETAS: Son dos legajos llenos de información requerida por CADIVI y entregados en LA CITA al banco. En ellas van desde los pasajes del viajero, hasta una estampita de la Virgen del Valle.

4)      CARRÉ: Chocolate venezolano que se suele entregar a los burócratas de rango bajo en los ministerios y agencias bancarias para que agilicen un proceso determinado.

5)      CUPO DE VIAJERO Y DÓLARES EN EFECTIVO: Es la asignación de dólares que hace el estado venezolano a través de CADIVI, representando los primeros un cupo para consumo en tarjetas de crédito y los segundos, como su nombre lo indica, una asignación en efectivo para gastos de emergencia (Taxis, propinas, etc)

6)      ASIGNACIÓN DE DÓLARES: Confirmación de que el Estado te va a subsidiar el viaje.

7)      HACER COMPRITAS: Amenaza con la que los venezolanos, que están por salir de viaje, indican que van a comprar como locos.

8)      CUATRO TREINTA: También conocido como CUATRO PUNTO TRES, es el cambio oficial del dólar, es decir: Por cada dólar que consumimos los venezolanos mientras estamos de viaje, tenemos que pagar 4.3 bolívares “fuertes”.

9)      SHOPPING: Término anglosajón acuñado por los venezolanos para el acto de hacer compras.

10)   LA TARJETA: Se refiere a las tarjetas de crédito del banco en el cual hiciste LA CITA y con las cuales HACES LAS COMPRITAS a CUATRO TREINATA (se suelen cuidar más que el pasaportes mientras uno está de viaje)

11)   DOSMIL QUINIENTOS: Cantidad de dólares que CADIVI asigna a los viajeros para consumo de TARJETA de crédito (Si te pasas te jodes un año!)

12)   QUINIENTOS: Monto en efectivo que es asignado por CADIVI para el consumo en el exterior.

13)   MERCADO NEGRO O DÓLAR LIBRE: Taza de cambio real a la que tenemos que vivir los venezolanos. Si bien es de carácter ilegal, se sospecha una fuerte participación del Gobierno venezolano en la fijación de su precio y, los más malpensados, aseguran que es el principal negocio del Gobierno y de donde salen las fortunas que le permite a algunos funcionarios públicos usar el CUPO de CADIVI  en sus viajes únicamente para gasolina…

14)   WALMART: Tienda por departamento en la que los venezolanos hacemos las compras finales.

15)   MILKYWAY: Chocolate de origen imperial que se ha convertido en un genérico para la palabra chocolate ( Si un maracucho va a comprar Twix o Snickers también los llama Milkyway)

16)   LISTERINE: Enjuague bucal desaparecido de los anaqueles en los auto-mercados de Venezuela y que pasó a formar parte indispensable de las compras de última hora en WALMART.

17)   ESPALILLAR: Término que se usa para denotar el fin del CUPO asignado. También conocido por algunos como RASPAR, aunque ese término tiene una connotación de delito cambiario.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Se cayó Betulio


…Se cayó Betulio

En Venezuela, país insólito, los eventos inexplicables no solo ocurren sino que se repiten.


A finales del año 1972 dos personajes entraron tomados de la mano a las páginas del anecdotario popular venezolano, sus nombres: Betulio González  (Gloria del boxeo venezolano, tres veces campeón del mundo) y Miguel Thodée (Narrador deportivo y periodista de opinión).

Corría el reloj en el décimo asalto del combate que definiría al nuevo campeón mundial de la categoría entre el Tailandés Borkosor y el venezolano Betulio González. En Venezuela, la población  se encontraba paralizada, escuchando la transmisión que, del combate,  realizaba Miguel Thodée. Justo en el momento en que todos esperaban la noticia del Knock-out que propinaría el venezolano al tailandés, y eufóricos por la narración del locutor, quien de manera elocuente describía la paliza que estaba dando el venezolano a su rival, ocurrió lo impensable: Se cayó Betulio.


7 de Octubre, cuarenta años más tarde.

Una parte del país se levantó muy temprano, con la esperanza puesta en su candidato. Llegamos a los centros de votación a ejercer nuestro derecho del voto y con la convicción de que sería nuestra última oportunidad de salvar al país.

“PEGA BETULIO…”

Los centros de votación se encontraban repletos de votantes eufóricos quienes, con lágrimas en los ojos, veía las largas colas y sonreían al saberse parte de la historia.

“RECTO DE DERECHA DE BETULIO…”

Pasada la mañana y con los reportes que describían las inmensas colas en los centros electorales, los venezolanos comenzamos a confirmar, por las redes sociales, lo que se venía anunciando en los días anteriores: El candidato de la unidad democrática marchaba adelante por, al menos, cuatro puntos.

“GANCHO DE IZQUIERDA DE BETULIO, SEÑORES! EL TAILANDÉS SE VE MAL…”

Pasadas las seis de la tarde, con los nervios a flor de piel y en  medio de un ambiente de celebración adelantada, por las declaraciones de un vocero de la oposición, se inundan las redes sociales con reportes de actividad sospechosa en el frente oficialista (movimiento de tanquetas, desmontaje de tarimas, intimidación de partidarios armados del gobierno, etc) Cuando, repentinamente, se comienzan a desparramar por el twitter los resultados preliminares que daban como ganador al actual presidente y aspirante a la re-reelección.

Un silencio que aturdía, poco cónsono con la celebración que uno esperaría de, al menos, ocho millones de venezolanos que estaban viendo a su candidato triunfar; muchas lágrimas y muchos sedantes para dormir la “mona”. Ese fue el cierre de una jornada peculiarmente insólita que se repetía en la historia de nuestro país.

“PEGA BETULIO, VUELVE A PEGAR BETULIO … SE CAYÓ BETULIOOO!

Algún día sabremos lo que realmente pasó… en ese histórico combate de 1972 que dejó con el grito de alegría atragantado a millones de venezolanos y con una anécdota jocosa que ha sobrevivido a sus protagonistas.

PD: Un millón de gracias a todos mis amigos venezolanos que viven lejos de su país y que hicieron lo humanamente posible para que, quienes seguimos viviendo por estos prados de Dios, pudiéramos tener un futuro más digno.
Nos vemos el 16 de Diciembre...


Si crees que puedes o crees que no puedes tienes razón.
Los que renuncian son más numerosos que los que fracasan”

Henry Ford

miércoles, 14 de marzo de 2012

Que cagada!



Nada como salir a trotar, uno pasa buena parte del día esperando llegar a su casa para cambiarse de ropa y salir a despejar la mente, pronto el sudor comienza a deslizarse junto al estrés y tu cerebro empieza a componer el mundo al ritmo de la música y tu corazón. Sientes la mirada de las personas y mentalmente les dices “deja de verme y trota”, en ese momento nada puede ir mal, hasta que pufff! Pisas la plasta que alguna plasta dejó “olvidada” en la mitad de la vía. De pronto todos tus pensamientos positivos se van a la MIERDA, intuitivamente le mentas la madre al perro hasta que te das cuenta que la culpa la tiene el MOJÓN del dueño y le mentas la madre en voz alta con la esperanza de que te escuche.

Pisar MIERDA es una de las cosas más desagradables que existen, uno automáticamente comienza a buscar un pedacito de grama para deslizar el zapato o un charco de agua para facilitar las cosas, tu mundo se concentra en la suela de tu zapato y las maldiciones y mentadas de madre salen de tu boca casi al ritmo de tu respiración. Hay, sin embargo, optimistas que tienen el firme convencimiento que pisar una plasta les traerá buena suerte y abundante dinero; créanme, si esto fuera cierto la calle en la que vivo se llamaría Beverly Hills, porque es difícil hasta encontrar el pedacito de grama libre de MIERDA para limpiarse los zapatos.

Qué pensarán estos individuos que, así como si nada, dejan los desperdicios de sus perros en la vía pública? Creerán que uno es un pendejo por bajar con una bolsa  y recoger los desechos de nuestras mascotas? O será que creen que para nosotros si es agradable? Será que los muy idiotas creen que las moscas que se paran en la MIERDA de sus perros, por gratitud, no se van a parar en su pan del desayuno, o en el chupón de sus hijos?

Lo triste de estos personajes es que, después de dejar el excremento de sus perros en la acera, son perfectamente capaces de sentarse a ver Globovisión y reflexionar: Que CAGADA  de país! O: Este país está hecho una MIERDA!. Si hermano!, este país está hecho una MIERDA por gente como usted que no entiende que las demás personas tenemos derechos; nada lo diferencia a usted del más abusador de los individuos que adversa. No hay niveles de abuso, abusa el que roba; el que mata, y abusa el que deja la MIERDA de su perro en la vía pública.

Si la vida fuera justa, el dueño del perro que me brindó sus desechos vería el fin de sus días ahogado en el Guaire en medio del producto de mis reflexiones sanitarias. Disculpen ustedes mi actitud y lo corto del cuento, pero tengo un zapato que limpiar.
Que cagada!

martes, 28 de febrero de 2012

La Parabólica de Lomas de la Lagunita o, Chávez hasta el 2021.

La Parabólica de Lomas de La Lagunita o, Chávez hasta el 2021.
Si esta mañana, al despertarme, alguien me hubiese jurado que iba a terminar el día en la reunión de una junta de vecinos debatiendo la conveniencia o no de mantener una antena parabólica, seguramente me hubiese sonreído y hubiese seguido durmiendo.

Un amigo me invitó, como asesor de seguridad, a una reunión que se efectuaría con tal fin en la sede de la asociación de vecinos de su urbanización (Lomas de la lagunita). Cuando llegué, cerca de las nueve de la noche, ya la reunión había comenzado y se debatía acerca de la pertinencia de mantener el sistema de antenas parabólicas que existe en dicha urbanización desde hace muchos años; si bien no dejó de llamarme la atención el tema del debate, pensé que sería una pequeña inquietud de alguno de los miembros de la comunidad y que a la brevedad se tomaría el tema de la seguridad. No podía estar más equivocado!

Después de la exposición de opciones por parte de la junta directiva, se procedió a dar la palabra a quienes estuvieran interesados en aportar sus ideas; unos opinaban que no se debía pagar por la reparación y el mantenimiento de un sistema obsoleto, mientras otros, de manera vehemente, defendían la opción de “rescatar y mantener” el sistema de antenas porque era “un patrimonio de la comunidad”. Al ver que el tema de seguridad no era abordado, pedí la palabra para presentarles una opción de sistemas de seguridad en la que podríamos darle un uso a la parabólica; uno de los miembros de la junta directiva descartó esa idea pues “habría que adecuar el sistema con equipos muy costosos” otro propuso usarlas para transmitir películas “de esas que se compran en la UCV…” y un señor se ofreció para hacer una consulta en toda la comunidad para determinar si la parabólica se iba o se quedaba y estudiar la mejor manera de hacerla “autosustentable”.

Ya entradas las diez de la noche pedí la palabra de nuevo para volver sobre el tema de la seguridad, pues como comprenderán, el “jaleo” de la antena parabólica de una urbanización en la que no vivo, a las diez de la noche me era totalmente intrascendente y, tras explicarles que cada vez iba a ser más difícil hacerle mantenimiento a su antena y que la única manera de hacerla autosustentable a la vuelta de unos años era invitar a los jóvenes y cobrarles para que vieran cómo eran las antenas en la antigüedad, les expuse mis recomendaciones en materia de seguridad. Súbitamente un señor mayor me interrumpió para acusarme de intentar “eliminar el sistema de antenas para venderle algo más moderno” un joven (al menos cincuenta años menor que el anterior) soltó una carcajada sonora mientras otro vecino le reclamaba a gritos que no se burlara de las demás personas y una señora llamaba a la cordura. En pocos minutos todos estaban de pie, gritando razones y dejando de lado un tema prioritario para discutir otro tema anacrónico, mientras yo me escabullía entre los gritos y los manotazos para dejarlos en su mini país.

Me hubiese gustado pedir la palabra una vez más para reflexionar de la necesidad de defender las ideas con argumentos y no con gritos, pues siempre se podrá gritar más alto que tu adversario pero un argumento certero es irrebatible; de la urgencia de cambiar el país desde su entorno, entendiendo que cuando se atacan las ideas de los demás insultando y agrediendo, se está formando parte del problema y no de la solución; para reflexionar acerca de la urgencia de respetar a los demás, aunque no se compartan sus ideas, pero ya era tarde...

Seguramente al momento de escribir estas líneas, ellos seguirán en su discusión y yo sigo con el amargo sabor del que pierde la esperanza, pues unos apuestan a una victoria y otros a un tumor, pero muy pocos apuestan a cambiar lo que en definitiva es la verdadera causa de nuestros males: La intolerancia y la falta de educación. Me da escalofríos pensar que en el 2021 todavía estén peleando por una antena parabólica en Lomas de la Lagunita y por un sistema político en el resto del país.   

martes, 31 de enero de 2012

EL FINAL DEL MUNDO

El final del mundo.

En los últimos años se ha hablado mucho del final del mundo, tal vez por el panorama caótico que vemos a diario en los noticieros, y por algunas predicciones que se hicieron en la antigüedad, pareciera que vamos en la bajada de una montaña rusa y lo que nos espera al final es una pared.

Hay gente verdaderamente preocupada por el tema, no viven pensando que se les va a acabar la vida y sufren de ataques de pánico cada vez que escuchan un trueno o ven el día muy nublado. Hace no más de una semana escuche a una señora decirle a otra la siguiente frase: “Ayy mijita, este cielo esta como muy anaranjado, yo te digo algo… para mí que estos INCAS tenían razón… el mundo como que se va a acabar este año” Yo, intuitivamente, volteé hacia la señora y le dije: “Los Mayas señora” Ella me apartó la mirada con desprecio y mientras encendía un cigarrillo siguió su camino. No sé realmente si supo de qué le intenté hablar, pero me hizo reflexionar sobre el tema.

Supongamos que los Mayas tienen razón y nos espera un cataclismo durante este año. Generalmente la angustia de la muerte va relacionada al sufrimiento y  la supervivencia de los familiares que quedan. Uno piensa en el sufrimiento de sus hijos, su viuda, etc. Algunos visualizan su funeral y lo idealizan en función de su visión de sí mismos: Su esposa llorando desgarradoramente mientras es consolada por tus mil cuatrocientos amigos que asistieron al funeral y que difícilmente podrán vivir la vida de la misma manera en tu ausencia… Tú siempre estás viendo esa escena desde un plano superior; con un movimiento de cabeza, similar al de un perro cuando se sacude, vuelves a la realidad y te ocupas de tu vida hasta que toque pensar de nuevo en tu muerte.

Pero en el caso de EL FIN DEL MUNDO no va a haber nadie llorando ni sufriendo tu ausencia; se acabó el mundo compadre! Todos nos vamos, nadie te va a recordar con cariño ni rencor; fin del cuento. Sólo te queda tu balance personal: Si viviste la vida debes sonreír cuando veas el inmenso meteorito acercándose a la tierra. Si pasaste más tiempo ocupado de la vida de los demás, respira profundamente y reconoce que fuiste un pendejo. Y si tu vida la invertiste en hacerles daño a los demás, entonces abre los brazos, porque ese meteorito es para ti.

Yo, la verdad, no creo que se acabe el mundo en un solo evento. Simplemente se nos está haciendo pequeño y se nos va a ir acabando poco a poco. Mi optimismo (que en ocasiones roza el absurdo) me dice que el futuro, debido a la masificación y universalización de la gente útil y verdaderamente inteligente (Entendamos por inteligente a alguien que crea un dispositivo para que haya más agua en África y no más armas en Estados Unidos)  va a ser menos convulso y contaminado que nuestro presente.

Por lo pronto les sugiero algo, en caso de que un meteorito se antoje de darle la razón a nuestros ancestros, viva la vida! Así de simple; ame a su familia, cumpla sus sueños  (o por lo menos tenga sueños e intente cumplirlos) Que cuando llegue el final, como quiera que éste sea, la muerte no lo encuentre muerto. No malgaste su vida ocupándose negativamente de la vida de los demás; no espere momentos especiales para ser feliz; hable cordialmente con desconocidos (Quién sabe, pueden llegar a ser amigos) En fin viva, eso sí, sin andar jodiendo a nadie. Así cuando llegue el final de sus días la gente se preguntará “Tu no lo vez como sonriente?”


En justo homenaje a Mi suegro y pana Luis Lisandro Lattuf, quien supo vivir la vida y hacer de la amistad un valor atesorable; de la sonrisa una llave y del amor a sus hijos un testimonio. (y a quien noté con una sonrisita al momento de su partida…)

lunes, 5 de diciembre de 2011

Las Piñatas

 Las piñatas son una ladilla. Salvo que los únicos invitados a la fiesta sean los familiares, con lo que la piñata pasa a ser una reunión familiar, las piñatas suelen ser un compromiso perfectamente sustituible por un buen capítulo de tu serie favorita.

Para aquellos que no entiendan mi repudio a las fiestas de carajitos, les hago un breve resumen de la última en la que estuve:

Después de unos minutos hablando de temas intrascendentes con algunos de los papás que también fueron obligados a la piñata, decido acercarme al carrito de perros calientes para “comer”, pido un perro caliente con todo, el muchacho que los hace me ve con cara burlesca porque sabe que ese “con todo” en las fiestas infantiles es papitas viejas y “las tres salsas”; al segundo mordisco a mi perro caliente un carajito se para frente a mí y, poniendo sus brazos en forma de cruz, procede a soltarme una patada en la espinilla con todas sus fuerzas, yo, atragantado con el perro caliente y aguantándome para no devolverle la patada, volteo a ver si ubico al papá o la mamá del engendro que me atacó y se acerca una señora que, muy calmadamente y sin darle un cogotazo, le dice “Carlos Ignacio mi amor, pídele disculpas al señor”  el carajito me dice “perdonn” y se va corriendo. Luego de un par de sonrisas fingidas la mamá del niñito me dice “es que él cree que es el POWER RANGER rojo” mientras yo pensaba si debía decirle lo que en realidad era su hijo…

En las piñatas existe el peligro de resultar gravemente herido al ser atropellado por un carajito que participa en el ancestral y absurdo juego de “correr”, es un juego en el que todos participamos alguna vez en nuestras vidas y que, viéndolo objetivamente, no tiene ningún sentido, aunque parezca lo contrario por la cara de diversión de los niños que participan. Consiste en correr sin objetivo fijo haciendo toda clase de ruidos galácticos (Ficshiiuuuuu , es uno de los más usados) hasta que llegue la hora de romper la piñata, momento en el que todos se agrupan y se puede ver y oler el estado en que quedan después de correr frenéticamente por horas.

Sin embargo, de todos los aspectos que pueden hacer de una piñata un evento prescindible, el peor, sin duda, es el animador. En las piñatas de hoy en día, el animador es un individuo que intenta ser “cool” con los niños y hace uso del más bajo de los recursos para lograrlo: EL REGUETÓN. “Que se acerque la cumpleañera! Aplauuuusosss! Vamos a ver como baila…”ahí comienza un espectáculo totalmente censurable en el que la niña (que escasamente acaba de cumplir cuatro años y todavía no se sabe amarrar las trenzas de los zapatos) hace alarde de su soltura de cadera al ritmo del reguetón; baja y sube su cuerpo en movimientos extremadamente sinuosos, mientras los padres y familiares aplauden a rabiar.

El animador, feliz por el logro obtenido, da el siguiente paso: “Que suba Carlitos! Ok, Ok, vamos a ver como baila Carlitos” y el niño hace una muestra  de su soltura de cadera al ritmo del reguetón; baja y sube su cuerpo en movimientos extremadamente sinuosos, mientras los padres y familiares aplauden a rabiar...

Finalmente, y con el aplauso generalizado de fondo (casi generalizado, porque el día que me vean aplaudiendo a un niño que baila reguetón debo estar próximo a la muerte) el animador llama a ambos chiquillos, gritando una palabra que ya, por si sola, es horrorosa: “Perrreeeeoooooo!” La niña se coloca frente al niño y ambos comienzan un baile que lo único que logra es revolverme el perro caliente en el estómago. Mientras esto sucede, entro en un trance y me imagino a los padres de la niña dentro de escasos diez años, sentados a la horilla de la cama con lágrimas en los ojos, preguntándose uno a otro: “Pero qué habremos hecho mal? Qué hicimos para merecer esto?